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Misión jesuita en China y Disputa de los Ritos


El cristianismo llegó al extremo oriente de la mano de los descubridores y mercaderes portugueses y europeos, por norma general. La adaptación de la fe a las costumbres chinas y malabares dio origen a una polémica.

Clemente XI en una moneda.

En esta polémica se mezclaron múltiples causas que hicieron más bastante difícil toda la cuestión: en primer lugar el enfrentamiento del procedimiento entre distintas órdenes, enfrentamiento entre distintos institutos misioneros, enfrentamiento de rivalidades nacionales (emperador), enfrentamiento creado por la corporación de vicarios, que peleaba por el viejo régimen; enfrentamiento entre potencias coloniales, mala voluntad de los contrincantes, hechos jansenistas y de trasfondo una escasa actitud de diálogo en una Iglesia que no puede verse más que como misionera.


Los participantes de la polémica de los ritos chinos y malabares son: los capuchinos, los dominicos y franciscanos con mucha experiencia y respaldo en campos de misión, Roma y los jesuitas, una orden nueva en la Iglesia, si bien ya con un acierto y acreditación por su procedimiento de apostolado en la India.


Desarrollo de la primera fase de la controversia


Metodología de los jesuitas


El patronato portugués de los jesuitas fue el que consiguió penetrar en la India y después en China para hacer su apostolado. Allá trabajaban sin distinción portugueses, franceses, belgas, alemanes, españoles, etcétera Siendo los que consiguieron entrar en estos territorios, pensaron reservarse para sí la evangelización de los territorios, esto para llevar la línea que introdujeron. Con lo que prepararon lo preciso para estar apoyados oficialmente (documentos) por Roma.


El procedimiento de trabajo de los jesuitas consistía en lo siguiente: por las peculiaridades culturales de cada país, de las que eran muy recelosos por la antigüedad de la cultura y por la civilización, en ese instante con mayores avances que la occidental, los jesuitas desarrollaron un procedimiento para catequizar de predicación indirecto, privado, familiar, en contraposición al abierto de las plazas públicas con el crucifijo en la mano. Uno de los vanguardistas de esta misión fue el Michele Ruggieri a quien sucedió Matteo Ricci.


Fueron entrando a la sociedad respetando y estimando las costumbres nacionales. Los misioneros jesuitas se ocuparon de estudiar la lengua, las costumbres, la religiosidad, para no entrar como completos extranjeros en etnias tan recelosas de sí. Se vistieron de ellas utilizando ropas, símbolos que eran propios de la cultura, para entonces, mediante los letrados (personas clave) poder entrar en estos pueblos. Una parte de este acercamiento se lo deben a los conocimientos científicos que tenían y fueron capaces de compartir: conocimientos de astrología, extensión del firmamento de las estrellas, los 4 elementos conforme la doctrina de Aristóteles, instrumentos científicos, conocimientos matemáticos como la geometría euclidiana, en resumen cuestiones de las que los chinos no tenían la menor nueva. Ellos tenían claro que su misión “no era reformar costumbres, sino más bien abrir las ánimas a la revelación”


Algunos interrogantes y aclaraciones


Una primera una parte de la polémica es más bien interna, entre ellos misioneros brota la interrogante ¿qué debe amoldarse o bien permitirse de los ritos y costumbres indígenas de los pueblos que catequizan?


Uno de los inconvenientes que se les presenta en China es el de los honores a Confucio y a los ancestros finados. Este no era un acto religioso en sentido propio sino más bien un acto civil que los pobladores daban a este personaje como a sus ancestros pues sus enseñanzas y su filosofía les recordaba valores fundamentales para su sociedad, como el valor de la familia. El inconveniente para la mentalidad occidental era que se le dedicaban templos o bien monumentos a este personaje y se usaban señales externas como postraciones, incienso, velas, oblaciones comibles, propias de la cultura. No obstante en todos estos ritos o bien signos externos no solicitaban ni aguardaban nada del personaje reverenciado. Las manifestaciones de esta virtud eran conformes a los gustos y la sicología oriental.


Por otra parte, en la India ya se llevaba un proceso similar: se habían tolerado ritos como el “cordón” de 3 o bien 5 hilos, que acostumbraban a llevar pendiente los individuos de casta. Fue cristianizado a través de una bendición ritual, aprobada por el ordinario. Los cristianos acostumbraban a rematarlo con una cruz o bien medalla. Se dejó el “baño” que los indios de entonces acostumbraban a tomar públicamente como un deber de casta, y acompañarlo de ritos y oraciones. Mas se prohibió todo acto supersticioso y se forzó a llevar un signo cristiano. Se usó el “talí” de una casta reemplazando el distintivo de una divinidad pagana por el signo de la cruz. Por último, se eliminó la saliva que se empleaba en el rito bautismal pues ocasionaba mucha repugnancia y horror en la cultura. Los misioneros vieron que no era recomendable usarlo.


Los mismos jesuitas de su tiempo eran unánimes en rehusar como supersticiosas y también inaceptables las prácticas budistas y taoístas. Aparte de trabajar fuertemente con los letrados para hacerles entender ciertos fallos a la luz del evangelio. Los actos eran considerados por los jesuitas como actos legítimos y se los dejaban a sus novatos. Es acá donde se produce la polémica en frente de los contrincantes (algún jesuita entre ellos), quienes sí los consideraban como idolátricos y supersticiosos, y debían prohibírselos a los suyos. Eran concesiones inaceptables al paganismo, incompatibles con la auténtica doctrina evangélica.


La metodología de los franciscanos


Apenas llegaron los franciscanos a China, comenzaron a introducir nuevos métodos de apostolado. En sus conquistas misioneras, el procedimiento de evangelización que usaron fue el de la predicación abierta, con crucifijo en mano.Estimaron poco los medios humanos para la conversión del pueblo Chino extraño al cristianismo, conque creían superfluo asistir a las matemáticas o bien a la astrología para empezar a introducirse. Desdeñaron las leyes y costumbres opuestas a la libertad apostólica y desearon continuar al pie de la letra los preceptos rituales relacionados a la administración de los sacramentos, con el peligro de escandalizar a los novatos. Tampoco les importó la oposición de los déspotas, con la intención de buscar el calvario. Una cosa afín sucedió con los capuchinos llegados a la India: “como frecuentemente la religión nacional estaba de manera estrecha ligada a toda la organización social y política, era cooperar a una compañía de demolición. Para implantar el cristianismo se debía hacer tabula rasa de un pasado, sin preocuparse de las destrucciones que esa táctica apostólica entrañaba”.


El inconveniente es que estos nuevos misioneros no habían tenido tiempo, como es natural, para ahondar en las cultura China para comprenderla un tanto más. Estos nuevos misioneros ya estaban prejuiciados desfavorablemente cara el procedimiento de los jesuitas. Su actitud es de alguna forma justificable, puesto que al venir de la herencia de una “sociedad medieval que ha vivido en un pequeño planeta muy estrecho, cerrado por todos lados y al abrigo de influencias exteriores” Además de esto, ni ni los dominicos habían visto estos métodos ni la adaptación de la ceremonia en la ciudad de Manila, donde portugueses y españoles estaban ya y la habían “españolizado” y “portugalizado”, de la misma manera que la evangelización.


Acusaciones, contestación de la ciudad de Roma y defensa jesuita


En india a los jesuitas fueron acusados de forma directa por los franciscanos, dominicos o bien capuchinos o bien por medio de los obispos frente a la Publicidad de la ciudad de Roma. Los reclamos eran permitir a sus cristianos cosas semejantes que sonaban a paganismo y eran presentados prácticamente como pervertidores de los novatos. Asimismo se les acusaba de cuestiones referidas con permisos concedidos en preceptos eclesiásticos como el ayuno, la misa, el cobro de impuestos…


Aunque antes, con lo de los honores a Confucio y a los ancestros, los jesuitas habían tenido una aprobación que les favorecía. Esta segunda vez, Roma, valiéndose de esta corporación de la Publicidad, dio su primera contestación que condenaba los ritos chinos.


Las exposiciones no acertaban con la realidad, conque los jesuitas fueron a la defensa mandando un encargado a expresar las imprecisiones del caso. Y tras 5 meses de deliberación del Santo Oficio, Alejandro VII sacó un segundo decreto dejando los ritos condenados. Y 3 años después, se mandó otro decreto positivo que solicitaba respetar ritos, usos y costumbres de los pueblos en los que tenían misión, los misioneros se debían acomodar a las costumbres y cultura de las naciones y no del revés, no intentar trasplantar Europa a los territorios de misión. Además de esto a los jesuitas se les dejaba obrar conforme su conciencia, un arma de doble filo que dejaba abiertas las posibilidades.


Los mendicantes no quedaron conforme, puesto que no se había definido la realidad objetiva de los ritos, la duda proseguía persistente. Conque dada esta inquietud, años después hubo otro decreto de Clemente IX que trató de mediar: declaró que los decretos precedentes no perdían valor ni fuerza, poniendo todo en vigor.


La polémica prosiguió y el dominico Domingo María Navarrete negoció someter a su orden al proceder de los jesuitas. No obstante, después se arrepintió y también impugnó de nuevo ante Roma mas no consiguió lograr nada. Escribió entonces 2 tomos para presentar a los jesuitas en fallo. El segundo tomo fue requisado por la Inquisición.


Segunda fase de la controversia


El Seminario de Misiones Extranjeras de París: misioneros de la Propaganda


Después de un largo periodo de persecuciones, la misión China disfrutaba de gran calma. El emperador era aconsejado por los jesuitas que trabajaban en la corte imperial.


Otro hecho esencial es la llegada de los misioneros del Seminario de Misiones Extranjeras de la ciudad de París quienes van a ser ahora sus contendientes. Estos estaban prejuiciados por la corriente jansenista que asimismo estaba contra la evangelización jesuita (modo de proceder, pensamiento, etcétera).


Un legado apostólico (sin ser aún prelados) va a ser quien les cause inconvenientes, Maigrot. Desde el primer instante trató de unificar la situación en su zona, deshaciendo los pactos entre jesuitas y emperador de poder predicar en todo el imperio la fe cristiana. Evidentemente, rechazaron cumplir la regla. Para respaldarse, Maigrot mandó su mandatum a Roma así como 2 emisarios. Uno de los que se valió de la Sorbona de la ciudad de París para condenar y lo logró.


Por su parte, los jesuitas solicitaron su resolución al emperador de nombre Kang Hi, quien aclaró lo que habían revelado los jesuitas mismos previamente.


Respuesta de la Iglesia. Contestación del emperador chino


Roma condenó los ritos, puso una serie de prohibiciones a los misioneros para no charlar del disconformodidad de los sacrificios a Confucio y a los ancestros, y al tiempo no dejó la publicación del decreto. Recriminaba asimismo que los jesuitas hubieran puesto a cargo del emperador algo que le tocaba juzgar a la santa Sede.


De regreso con la contestación, los legados (diplomáticos) iban a ser bien recibidos por el emperador, quien todavía no sabía las dimensiones de la contestación. Cuando supo de la condena de los ritos, amablemente rechazó la autoridad de la ciudad de Roma y conminó a los misioneros, bajo pena de expulsión no regresar a tocar el tema de los ritos.


Últimos reclamos, última contestación de la ciudad de Roma y del emperador


La resolución de la ciudad de Roma y la reacción del emperador desconcertaron a los misioneros. Y ahora, un legado agustino apelará a Roma para decir que los legados precedentes se habían excedido, era preciso impedir la destrucción de la cristiandad china.Mas múltiples misioneros fueron expulsados, como el legado prelados Maigrot.


Roma respondió publicando otro decreto que daba poder al legado y solicitaba sumisión a los misioneros, bajo pena de excomunión y prohibía cualquier otra publicación sobre los ritos. Clemente XI, frente a la desobediencia, ordenó admitir el orden sobre los ritos, esto bajo gravísimas penas. A lo que el emperador respondió con mayor dureza con un decreto de expulsión de todos y cada uno de los misioneros, prohibición de la ley cristiana, destrucción de los templos, presión a los novatos para renegar de la fe.


Venía en camino otro legado para reparar la situación, sabía que si proseguía la condenación, poco podría hacer. Conque, dio las conocidas Permissiones de Mezzabarba, convenientes a los jesuitas.


Más adelante, otro papa, Benedicto XIV, prosiguió el eco de la ciudad de Roma y, reanudando los documentos precedentes, hizo uno nuevo que condenaba a los jesuitas de desobedientes y les solicitaba obediencia. Ellos admitieron mas no por bastante tiempo, en tanto que la prosecución contra ellos en Europa se había hecho general. El papa les incautó todos y cada uno de los recursos. Para finalizar, exactamente el mismo Clemente XIV, en mil setecientos setenta y tres, eliminó claramente la Compañía de Jesús. No obstante, el caso no va a quedar cerrado en la historia siguiente.


En el s. XX, en el Concilio Vaticano II vamos a poder ver que la “experiencia religiosa” es valorada por la Iglesia, en tanto que esta sirve de base a las religiones no cristianas. La constitución pastoral Gaudium et Spes se refiere a la Iglesia como “Pueblo de Dios”. Con lo que el acercamiento pastoral ha de ser diferente. Solo recordemos de qué forma el cristianismo se abrió camino entre religiones ya instaladas en el planeta grecorromano.


Las premoniciones apócrifas de San Malaquías se refieren a este papa como flores circumdati (flores rodeadas), cita que según lo que parece hace referencia a su sitio de nacimiento, la urbe de Urbino en cuyo blasón figura una corona de flores.


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