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En mil ochocientos veinte, monseñor Jean-Louis Lefebvre de Cheverus, que era prelados de la entonces recién creada diócesis de la ciudad de Boston, concedió permiso para establecer un convento de monjas ursulinas en un edificio al lado de la catedral. En las instalaciones del convento se instauró una escuela para pequeñas en la que se anotaron más o menos 100 estudiantes.


En mil ochocientos veintisiete, la escuela y el convento no cabían en la edificación. En el mes de julio de ese año se trasladaron a un edificio más grande en Ploughed Hill (después llamado Convent Hill o bien Mount Benedict) en Charlestown. La escuela empezó a anotar primordialmente a pequeñas de familias de la clase altaprotestante de la ciudad de Boston. En mil ochocientos treinta y cuatro, había 47 estudiantes, solo 6 de las que eran católicas. Conforme Jenny Franchot, autora de una historia sobre los altercados, la presencia de una comunidad de religiosas católicas en su medio, recordaba a los protestantes bostonianos la repercusión cada vez mayor de los católicos irlandeses, quienes estaban dominando el mercado de trabajo. La existencia del convento de las ursulinas destacaba tanto el malestar económico que sentían los no católicos por lo general, como la incomodidad religiosa que sentían los protestantes conservadores, como el reverendo Lyman Beecher. A fines de julio y principios de agosto de mil ochocientos treinta y cuatro, esta inquietud llegó a un culmen y se convirtió en un motín.


Rebecca Reed era una joven mujer episcopaliana de la ciudad de Boston que había asistido a la escuela en mil ochocientos treinta y uno como becaria de caridad. En mil ochocientos treinta y dos, declaró su pretensión de ingresar al noviciado de las ursulinas, mas dejó el convento después de 6 meses como postulante. En algún instante tras su partida, empezó a redactar un manuscrito titulado Six Months in a Convent (6 meses en un convento). Si bien no se publicó hasta mil ochocientos treinta y cinco, ciertas versiones del manuscrito, según lo que parece, circularon entre la comunidad estudiantil primordialmente protestante, e inclusive pueden haber tenido difusión entre la población de Charlestown. Ciertos autores, entre ellos un viejo pupilo de la escuela, suponen que el discute sobre el manuscrito pudo haber contribuido al sentimiento anticatólico que alentó a los altercados.


Reed describió el convento como una prisión donde las pequeñas eran forzadas a agacharse cara el catolicismo y en el caso de negarse les aplicaban peculiares castigos. Este libro, así como el creciente número de gacetas de publicidad como Christian Watchman y Boston Recorder, avivaron el fuego del anticatolicismo en la ciudad de Boston y sus aledaños.


En la noche del veintiocho de julio de mil ochocientos treinta y cuatro, la hermana Mary John (Elizabeth Harrison), una religiosa que daba clases en la escuela del convento, se dirigió a la casa de Edward Cutter, un residente de Charlestown. Conforme contaba el señor Cutter, «ella parecía estar sensiblemente agitada y expresó su deseo de ser transportada a la vivienda de un conocido en el oeste de Cambridge». Al día después, tras haber cumplido con sus deseos, Edward volvió a la casa del conocido para consultar a la religiosa por qué razón había decidido desamparar la congregación. El señor Cutter fue informado de que la hermana Mary John había vuelto al convento acompañada por su superiora, la madre Mary St. George, y por el prelados de la ciudad de Boston, monseñor Benedict Fenwick.


Los periódicos locales, basados en cotilleos, empezaron a publicar historias sobre una «mujer misteriosa» (Prioli) mantenida contra su voluntad en el convento. Como la historia se extendió, la preocupación por el destino de la «mujer misteriosa» (que pudo haber sido confundida con Rebecca Reed) semeja haber incitado a los obreros de la ciudad de Boston, en su mayor parte protestantes, a tomar medidas:


Al final de la primera semana de agosto, tanto el señor Cutter como los oficiales que representaban la autoridad en Charlestown se intranquilizaron lo bastante por los cotilleos de la inminente acción contra el convento, que se decidieron investigar la situación. Con el permiso de la madre superiora, el señor Cutter retornó al convento para entrevistar a la hermana Mary John el nueve de agosto, y reportó que:


El lunes once de agosto, un conjunto de representantes de la autoridad fue aceptado en el convento y efectuaron un detallado recorrido guiados por la hermana Mary John. Por la tarde, los representantes prepararon una declaración para su publicación en el Boston Gazette la mañana del martes. La declaración fue con la pretensión de sosegar a la población notificando que la mujer disfrutaba de buena salud, que no era retenida contra su voluntad y que el convento estaba en estupendas condiciones para vivir en él.


Aunque desde el once de agosto habían llegado al convento cotilleos de los altercados planeados, ni las monjas, ni las estudiantes, ni los progenitores, parecían pensar que algo grave iba a suceder. Franchot aun notificó qure una estudiante equiparó el día con un día de celebración.


A eso de las 8:00 p. m. del once de agosto, un conjunto de enfurecidos ciudadanos protestantes se reunieron fuera de la puerta del convento. Comenzaron a solicitar la liberación de la «mujer misteriosa». Un testigo de los altercados notificó que una monja llegó a la ventana y solicitó a la multitud que se dispersase. Conforme este testigo, al ver a la monja, la multitud le ofreció su protección. En este punto, la madre superiora apareció y afirmó que las monjas no precisaban ningún género de protección y que toda la comunidad ya estaba en cama. Aun conminó a la multitud con represalias por la parte de la población católica de Boston: «El Prelados tiene veinte mil de los más despreciables irlandeses bajo su mando y van a poder leerles la cartilla hasta el momento en que su garganta este irritada, mas no acabasen con ellos».


La multitud por último se desperdigó, solo para regresar múltiples horas después. A eso de las 11:00 p. m., un conjunto de entre cincuenta y sesenta (conforme las estimaciones del Boston Evening Transcript, el Mercantil Journal estimó la multitud entre cientocincuenta y doscientos) prendieron fuego a barriles de alquitrán en los terrenos del convento.Múltiples compañías de bomberos fueron llamadas a la escena, mas en vez de intervenir se unieron a una multitud de espectadores, que con el tiempo llegó a unas dos cero personas.


Poco una vez que los barriles de alquitrán terminaran de incendiarse, la multitud rompió las puertas y ventanas para entrar en el convento y empezó a asaltar las edificaciones. Las monjas y las pupilas empezaron a salir por la parte trasera y se ocultaron en el jardín. A eso de la medianoche, los participantes de la manifestación prendieron fuego a las edificaciones, que ardieron a lo largo de una hora o bien 2, hasta quedar en ruinas.


La mañana siguiente a las 11:00, Theodore Lyman, el regidor de la ciudad de Boston, invitó al público a una asamblea en el Faneuil Hall para discutir «las medidas a tomar con relación a los altercados en Charlestown». La asamblea tuvo lugar a las 1:00 p. m. y condujo a adoptar una resolución que, entre otras muchas cosas, nombró un comité para investigar los altercados y los sucesos que condujeron a ellos. La resolución expresaba la indignación de la comunidad por los acontecimientos y ofreció una recompensa a cualquiera que diese información de los líderes de futuros acontecimientos afines, como asimismo dirigía la comisión de investigación para examinar la posibilidad de indemnizar a la diócesis de la ciudad de Boston por la pérdida de la propiedad, que no estaba cubierta por el seguro.


Los representantes de la autoridad de Charlestown asimismo convocaron a una asamblea pública el doce de agosto, donde se aprobaron resoluciones afines que condenaban la violencia. Asimismo establecieron un «Comité de Vigilancia», con autoridad para investigar el accidente y ofrecer una recompensa por información que condujese a la detención de los autores.


El mismo día, el prelados Fenwick convocó a una asamblea de los ciudadanos católicos del área de la ciudad de Boston. Se animó al público a abandonar a la venganza por ser incompatible con «la religión de Jesucristo». Además, agradeció a las autoridades públicas por su postura contra la violencia y expresó su confianza en que iban a eludir que ocurriesen nuevos brotes.


De pacto con las resoluciones, el regidor Lyman ordenó a las tropas y a la policía situarse no solo en torno a Faneuil Hall, si no asimismo en el arsenal de la urbe, en la Catedral de la santa Cruz (la iglesia católica de Charlestown) y la casa de Edward Cutter. No se situaron tropas en las proximidades de los restos del convento.


Alrededor de las 10:00 p. m. del miércoles doce de agosto, una multitud se reunió fuera del arsenal. Como lo hallaron bajo vigilancia, se trasladaron primero a la catedral, ahora al Municipio y por último, al propio convento. En el convento, destrozaron los jardines y huertos, encendieron fogatas y derruyeron las cercas. Unas horas después la multitud abandonó el circuito y se desperdigó.


El comité que estableció el regidor Lyman se reunió todos y cada uno de los días salvo todos los domingos del trece al veintisiete de agosto. Los testimonios que recibió este comité y el comité de representantes de la autoridad de Charlestown, condujeron a 13 detenciones, de las que, 8 fueron por los delitos capitales de incendio o bien hurto.


Los juicios empezaron el dos de diciembre de mil ochocientos treinta y cuatro, con el juicio de John R. Buzzell, cabecilla confeso de la multitud. El Fiscal General del Estado, James T. Austin, protestó por la rápida realización del juicio, puesto que se habían efectuado amenazas de muerte contra cualquier potencial testigo de la acusación. Buzzell señaló más adelante: «El testimonio en contra mía era definitivo y suficiente para condenar veinte hombres, mas de alguna modo verifiqué una coartada y el jurado me dio la victoria con un resolución de no culpable, tras haber deliberado a lo largo de 21 horas». Por último, 12 de los 13 acusados fueron exculpados. Un adolescente de dieciséis años de edad que habían participado en la quema de libros a lo largo del altercado, fue condenado y sentenciado a cadena perpetua con trabajos forzados. Después fue perdonado por el gobernante, como contestación a una solicitud firmada por 5 mil ciudadanos de la ciudad de Boston, que incluían al prelados Fenwick y la mare Mary St. George.


El comité de investigación formado por el regidor Lyman aconsejó que la urbe de Charlestown o bien el condado de Condado de Middlesex indemnizasen a la diócesis de la ciudad de Boston por la pérdida de la propiedad del convento, y de no hacerlo, que la legislatura de Massachusetts investigara el tema y diera una indemnización. A causa de esta recomendación, el prelados Fenwick pidió a la legislatura en el primer mes del año de mil ochocientos treinta y cinco, la reconstrucción del convento y la escuela en término de indemnización, con el razonamiento de que el estado había descuidado su deber de resguardar la propiedad privada. La comisión que escuchó el razonamiento de la diócesis decidió que la legislatura autorizase al gobernante indemnizar a los custodios del convento. La resolución fue rechazada por una apabullante mayoría en el pleno de la cámara.


Se presentaron a la reunión propuestas afines para la restitución en mil ochocientos cuarenta y uno, mil ochocientos cuarenta y dos, mil ochocientos cuarenta y tres y mil ochocientos cuarenta y cuatro. Cada vez, la propuesta de indemnizar a la diócesis fue rechazada. En mil ochocientos cuarenta y seis, la reunión votó en favor de suministrar a la diócesis diez cero dólares estadounidenses. La diócesis rechazó la oferta, en tanto que estimaban la pérdida real en más o menos cien cero dólares estadounidenses. La petición se presentó nuevamente a la reunión en mil ochocientos cincuenta y tres y mil ochocientos cincuenta y cuatro, y nuevamente, fue rechazada en todos y cada ocasión.


Como se apunta en la sección de bibliografía ahora, Wilfred Bisson (mil novecientos ochenta y nueve) y Nancy Lusignan Schultz (dos mil, dos mil dos) han publicado relatos históricos del periodo en cuestión. Cabe apuntar que hay un interés supuestamente menos en la historia de Rebecca de Reed y los sucesos siguientes en Charlestown, que en la historia siguiente de María Monk, que ha sido objeto de consecutivas reimpresiones desde mil ochocientos treinta y seis. La historia de Reed no ha recibido un análisis detallado de cualquier otro que no fuese Bisson y Schultz.


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