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El fideísmo es la doctrina, profesada por ciertos religiosos, de que a Dios no se puede llegar por la razón, sino más bien únicamente mediante la fe. En la teología de múltiples iglesias cristianas (exceptuando el catolicismo, que lo niega), el fideísmo es una de muchas perspectivas. Un sentido más extenso del término es que el fideísmo, a la inversa del deísmo, fundamentalmente enseña que el argumento es aproximadamente intrascendente para la creencia de tipo religioso. Particularmente, enseña que los razonamientos sobre la existencia de Dios son falaces y también intrascendentes, y que no guardan relación con la teología cristiana. Resumiendo, sus razonamientos son:



  • La teología cristiana enseña que la gente es salvada por la fe.
  • Pero, si la existencia de Dios puede ser probada, tanto por empirismo como por empleo de la lógica, la fe sería intrascendente.
  • Ergo, si la teología cristiana es auténtica, ninguna prueba de la existencia de Dios es posible.

Mientras que el centralismo de los temas de la fe y su rol en la salvación hacen al fideísmo de gran calidad para el cristianismo, puede existir en otras religiones asimismo. En el Islam, el teólogo Al-Ghazali tiende a una situación afín al fideísmo tertulianista en su Talafut al-falasafa (la Incongruencia de los pensadores). Donde los lamentos de la razón entran en enfrentamiento con la revelación, la razón cederá paso a la revelación. Esta situación se transformó en la creencia estándar de la exegesis musulmana ortodoxa.


En general, entre los protestantes es donde se hallan más habitualmente actitudes fideístas. La Iglesia católica considera equivocada esta postura, que desprecia la capacidad de la razón; no obstante, en la práctica hay católicos que semejan mantenerla.

wikiBlaise Pascal pensaba que los argumentos directos para la existencia de Dios eran inútiles, con lo que, en vez de eso, arguyó que la práctica religiosa era una gran idea.

En la teología cristiana, el fideísmo es cualquiera de los múltiples sistemas de opiniones que mantienen, sobre variados razonamientos, que la razón es intrascendente a la fe religiosa. Conforme ciertas versiones del fideísmo, la razón es la antítesis de la fe; conforme otras, la fe es precedente o bien está alén de la razón y, por ende, esta es inútil de aprobarla o bien de rechazarla.


Ocasionalmente, esta palabra se emplea para referirse a la creencia protestante de que los cristianos son salvados solo por la fe (sola fide). En ocasiones, a esta situación se le llama solifidianismo, mas Dios no está implicado de manera directa en el planeta.


Blaise Pascal pensaba que los argumentos directos para la existencia de Dios eran fútiles, con lo que, en vez de eso, arguyó que la práctica religiosa era una gran idea.


Alvin Plantinga define el fideísmo como la exclusiva o bien básica dependencia sobre la fe sola, acompañada por un coherente menosprecio de la razón y empleada en especial en la prosecución de una verdad filosófica y religiosa y, por ende, puede no ir aparejada a los lamentos de la razón. El fideísta busca la verdad, sobre todo, y asevera que la razón no puede lograr ciertas clases de veras, las que deben, en cambio, ser admitidas solo por fe. La definición de Plantinga podría ser reenunciada, para decir que lo que el fideísta objeta no es tanto la razón en sí —parece excesivo llamar a Blaise Pascal antirracional—, sino más bien al evidencialismo: la noción de que ninguna creencia debería mantenerse salvo que fuera sostenida por la patentiza.


El fideísta se percata de que las religiones que están fundadas en la revelación llaman a sus fieles a pensar en una deidad trascendente, incluso cuando los fieles no puedan entender completamente el objeto de su fe. Ciertos fideístas asimismo observan que las facultades racionales humanas son en sí poco fiables, pues la naturaleza humana completa ha sido corrompida por el pecado y, como semejantes, las conclusiones alcanzadas por la razón humana son, por tanto, poco confiables: las verdades afirmadas por revelación divina deben creerse aun si no hallan soporte en la razón humana. El género de fideísmo que ha sido llamado fideísmo ingenuo es aquel que habitualmente halló contestación a razonamientos anti-religiosos; el fideísta soluciona dar cabida a lo que ha sido revelado como auténtico en su fe, al enfrentar líneas contrarias de argumento.


Específicamente, el fideísmo enseña que los razonamientos racionales o bien científicos para la existencia de Dios son falsos y también intrascendentes, y no se compadecen con la verdad de la teología cristiana. En esencia, sus razonamientos son:



  • La teología cristiana enseña que la gente es salvada a través de la fe en el Dios cristiano (por poner un ejemplo, confiar en lo poco probable experimentalmente).
  • Sin embargo, si la existencia del Dios cristiano puede ser probada, así sea lógica o bien experimentalmente, a ese punto la fe pasa a ser superflua o bien intrascendente.
  • Por lo tanto, si la teología cristiana es cierto, no es posible la prueba inmediata de la existencia del Dios cristiano.

Esta clase de fideísmo tiene una larga historia en el cristianismo. Seguramente pueda deberse a una interpretación de I Corintios, donde San Pablo dice:


El contraste de Pablo de la insensatez del evangelio con la sabiduría terrenal puede relacionarse con la declaración que hizo el propio Jesucristo, registrada en Lucas 10:21:


La declaración credo quia absurdum (creo, pues es absurdo), a menudo atribuida a Tertuliano, en ocasiones es citada como ejemplo de semejante visión de los Progenitores de la Iglesia, mas esto aparece siendo una cita inadecuada respecto a de carne Christi de Tertuliano, puesto que lo que verdaderamente afirma en DCC cinco es: ... el Hijo de Dios murió; de todas y cada una formas ha de ser creído, pues es absurdo.


Esta puede ser una declaración de una situación fideísta, mas asimismo es posible —y algo aceptable por el contexto— que Tertuliano sencillamente estaba enganchado en una irónica exageración.En verdad, esta obra utilizaba un razonamiento de un dicho retórico de Aristóteles de que si un hombre en quien se ha confiado le cuenta a uno sobre un acontencimiento prodigioso que ha presenciado, uno puede estimar que dice la verdad, pese al hecho de que el acontecimiento es muy poco probable.


Una forma más compleja de fideísmo es asumida por La Oración de Pascal. Blaise Pascal invita al incrédulo a ver la fe en Dios como una elección sin costo alguno que produce una recompensa potencial. Él no procura discutir que Dios verdaderamente existe, solo que podría ser de valor aceptar que es cierto. En sus Pensées (Pensamientos), Pascal escribe:


Por otra parte, la postura de Pascal es que las diversas pruebas propuestas sobre la existencia de Dios son intrascendentes. Incluso si las pruebas fuesen válidas, las existencias/seres que plantean probar no son coherentes con la deidad venerada por las fes históricas, y pueden de manera fácil guiar al deísmo en lugar de a la religión revelada: ¡El Dios de Abraham, Isaac y Jacob - no el dios de los pensadores!.


Considerado el padre del irracionalismo moderno, Johann Georg Hamann fomentó un punto de vista que elevó a la sola fe como la única guía de la conducta humana. Utilizando el trabajo de David Hume arguyó que todo cuanto la gente hace está basado por último en la fe. Sin fe en la existencia de un planeta externo (por el hecho de que jamás puede ser probado), los temas humanos no podrían seguir, en consecuencia, adujo, todo argumento viene desde esta fe: es esencial a la condición humana. De esta manera todo intento de fundamentar la creencia en Dios utilizando la razón, es en balde. Él ataca hostilmente a sistemas como el panteísmo de Espinosa, que tratan de confinar lo que siente que es la infinita majestad de Dios, a una creación humana finita. Hay solo un camino cara Dios, la fe como la de un pequeño, no la razón.


Una situación fideísta de tipo general —que la existencia de Dios efectivamente no puede ser sabida, y que la resolución de admitir la fe no está fundada en, ni precisa de, la justificación racional— puede encontrarse en los escritos de Søren Kierkegaard y sus seguidores en el existencialismo cristiano. Muchas de las obras de Kierkegaard, incluyendo Miedo y temblor, están bajo seudónimos; estas pueden parecer la obra de autores de ficción cuyas visiones corresponden a situaciones hipotéticas, no necesariamente a las sostenidas por el propio Kierkegaard.


En Miedo y temblor, Kierkegaard se enfoca en la buena voluntad de Abraham de sacrificar a Isaac. Los apóstoles del Nuevo Testamento arguyen reiteradamente que ese acto de Abraham fue una fenomenal demostración de fe. A los ojos de un no-fiel, no obstante, debe haber aparecido necesariamene como un intento inexcusable de asesinato, quizá el fruto de un desvarío insalubre. Kierkegaard utilizó este caso para centrar la atención en el inconveniente de la fe por lo general. En último caso, aseveró que pensar en la encarnación de Cristo, en Dios hecho carne, era opinar en la paradoja absoluta, pues implica que un ser eterno y perfecto pudiese llegar a ser un simple humano. Probablemente la razón no puede entender tal fenómeno; en consecuencia, uno puede creerlo únicamente haciendo un acto de fe'.


La apologética presuposicionalista es un sistema cristiano asociado al calvinismo que procura distinguirse a sí mismo del fideísmo, si bien ciertos pueden hallar evasiva la diferencia. Mantiene que todo pensamiento humano debe comenzar con la proposición de que la revelación contenida en las Sagradas Escrituras es axiomática, más bien, trascendentalmente precisa, pese a que uno no podría ser capaz de hallarle sentido a alguna experiencia humana. A un no-fiel que rechaza la noción sobre que Dios, el planeta, y mismos pueden encontrarse en las Sagradas Escrituras, la teología cristiana, literalmente, no tiene nada que decirle; no obstante, los apologistas presuposicionalistas piensan que tal condición es imposible, declarando que, verdaderamente, toda la gente cree en Dios, así sea que lo acepten o bien lo nieguen.


Este género de argumento es afín al pensamiento de Ludwig Wittgenstein, quien enseñó que el lenguaje era como un juego (llamado el juego del lenguaje), en el que diferentes géneros de alegatos pueden juzgarse bajo su y particular juego de reglas y no bajo aquellos de otros tipos, si bien puedan tener un traslape significativo debido a las inconsistencias cognitivas en los usuarios de juegos dispares de lenguaje. Asimismo tiene semejanzas con el paradigmático análisis de Thomas Kuhn (no confundir con análisis paradigmático en la teoría semántica o bien en la teoría de la música). Conforme al apologista presuposicional, la determinación de la verdad de las declaraciones religiosas no puede estar determinada por recurrir de forma directa a las reglas que rigen la lógica o bien las declaraciones científicas, sino más bien solo de forma indirecta, a través de el razonamiento trascendental, donde la verdad de las declaraciones son vistas como una condición precisa de la verdad de esas reglas (y toda otra prueba y raciocinio). Immanuel Kant, P. F. Strawson, Moltke Gram, T. Y también. Wilkerson, A. de C. Grayling, Michaael Dummett, y Jaakko Hintikka, entre otros muchos, han discutido formas trascendentales de pensamiento en la literatura filosófica reciente. La apologética presuposicionalista podría ser vista como estando más cercanamente unida con el fundacionalismo que con el fideísmo, si bien críticos de los dos.


Algunas teologías, no obstante, rechazan con fuerza el fideísmo. El Catecismo de la Iglesia católica, representando al gran respeto del catolicismo por el tomismo (las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino), asevera que es doctrina del catolicismo que la existencia de Dios puede, en verdad, ser probada por la razón. El racionalismo de Aquino tiene raíces profundas en el cristianismo occidental; vuelve a la observación de San Agustín de que el rol de la razón era explicar la fe más completamente: Fides quærens intellectum («la fe buscando entendimiento») es su fórmula.


La situación oficial del catolicismo es que, al tiempo que la existencia de un solo Dios puede, en verdad, ser probada por la razón, los hombres pueden, no obstante, inducidos por su naturaleza pecaminosa, negar los lamentos de la razón que prueban la existencia de Dios. El juramento anti-modernista decretado por el Papa Pío X requería de los católicos aseverar que:


De modo afín, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña que:


La encíclica Fides et Ratio del Papa Juan Pablo II asimismo asevera que la existencia de Dios es un hecho comprobable por la razón, y que las tentativas para razonar de otra manera son resultados del pecado. En la encíclica, Juan Pablo II advierte contra ciertos rebrotes peligrosos de fideísmo, que no admite la relevancia del conocimiento racional y de la reflexión filosófica para la inteligencia de la fe y, más todavía, para la posibilidad misma de opinar en Dios.


Históricamente, ha habido un número de tensiones fideístas en la órbita católica. El tradicionalismo católico, ejemplarizado en el siglo XIX por Joseph de Maistre, que destacaba la fe en la tradición como el medio de la revelación divina. Los lamentos de la razón son múltiples, y bastantes personas han dado razonamientos racionales para múltiples cosas contradictorias. En este entorno, el curso más seguro es mantener como verdad la fe que ha sido conservada mediante la tradición, y solucionar admitir lo que la iglesia ha enseñado históricamente. En este ensayo, Du pape (Del Papa), de Maistre arguye que, históricamente, era ineludible que todas y cada una de las iglesias protestantes debían, ocasionalmente, buscar reunificación y cobijo en la Iglesia Católica: la ciencia era la mayor amenaza; conminaba la fe de todas y cada una de las religiones, y ninguna religión puede resistir a la ciencia, salvo una.


Así mismo, una tradición de razonamiento encontrado entre ciertos protestantes fundamentalistas, del mismo modo que los católicos, mantiene que el respeto por Jesús como profesor y hombre sabio es como es lógico contradictorio si uno no lo admite asimismo como Dios; asimismo conocido como el razonamiento de Señor, Mentiroso o bien Lunático: o Él fue insalubre o bien un charlatán, o bien en verdad era el Mesías y también Hijo de Dios. (Cf., Razonamiento cristológico).


Los críticos de este razonamiento aseguran que este presenta una falsa tricotomía. Jesús bien puede tener cosas esenciales que educar y tener sabiduría para dar, todavía si está equivocado, es irónico o bien si su relación con Dios es inadecuada. Uno no precisa estar en lo cierto en todo, para tener razón en algo. En esta línea de pensamiento, la enseñanza puede ser auténtica, pese a la conducta del propio profesor.


Sin embargo, los proponentes de este razonamiento niegan que es una falsa tricotomía apelando a la personalidad, aduciendo que Cristo, como persona, no pudo haber fallecido por enseñanzas que sabía que eran falsas. Además de esto, no habría hecho absurdas aseveraciones de su divinidad al lado de sanas enseñanzas si no fuese de este modo, si estos reclamos no fuesen verdaderos (Marcos 14:61-sesenta y dos). Él no habría fallecido por estas cosas si mismo no las hubiese creído realmente, como afirma el razonamiento. Mas si estaba tan francamente autoengañado a tan gran nivel, entonces podría estar entre los más lunáticos, apenas digno de la calificación de Rabbi. Este razonamiento no pretende probar la divinidad de Cristo, sino de cuestionar el razonamiento de que fue meramente un buen profesor, apelando a los registros de Él en las Sagradas Escrituras.


Otro razonamiento muy simple contra el razonamiento de señor, mentiroso o bien lunático es que el fideísmo sencillamente aplica a aquellos que jamás han conocido a Jesús (por servirnos de un ejemplo, sus siguientes seguidores). No tenemos pruebas de sus acciones, solo informes de ellos (de exactamente la misma forma que solo tenemos informes de las acciones de Dios en el Viejo Testamento. Como semejantes, los seguidores deben tomar lo que Dios les ha mostrado a ellos (la traída de su hijo, Jesús, a nuestra esfera mortal) como suficiente para inspirarlos a pensar, todavía si sienten que no tienen pruebas personales por sí solos.


El punto del fideísmo es separar a los seguidores de solicitarle a Dios que pruebe su existencia, dejando la carga de la prueba en Él, y encontrando sus razones para opinar, basados en la fe de que Dios conoce mejor, pese a la patentiza.


Los pensadores que no apoyan el fideísmo, por norma general lo critican diciendo que el fideísmo no nos ofrece razones para pensar que una fe religiosa sería un procedimiento apropiado para guiarnos a proposiciones verdaderas.


Estos críticos apuntan que la gente emplea de manera exitosa la razón en su diario vivir para solucionar inconvenientes, y que la razón ha guiado al incremento progresivo del conocimiento en la esfera de la ciencia. Esto da verosimilitud a la razón y al pensamiento argumentativo como un procedimiento apropiado para buscar la verdad. Por otra parte, conforme a estos críticos, no hay patentiza de que una fe religiosa que rechaza la razón pudiese sevirnos asimismo en la busca de la verdad. En situaciones en que nuestra razón no basta para hallar la verdad (por poner un ejemplo, cuando tratamos de contestar una pregunta bastante difícil de matemáticas) el fideísmo asimismo fracasa.


Aquellos que rechazan el fideísmo, creen habitualmente que al final la razón es el único camino. De este modo, los críticos frecuentemente presentan la próxima pregunta a los fideístas: ¿Por qué razón utilizamos un criterio menos riguroso para juzgar declaraciones pertenecientes a la esfera de la religión que el que empleamos para otras declaraciones?


Otra crítica al fideísmo es que es usual la fundación de sistemas de creencia destructores o bien perturbadores (por ejemplo: los cultos). Más particularmente, el fideísmo no únicamente es considerado un guía conveniente para distinguir las revelaciones verdaderas o bien éticamente valiosas de las falsas.


Mientras la centralidad de los temas de fe y su rol en la salvación hace al fideísmo de este género un esencial tema para el cristianismo, puede existir en otras religiones reveladas asimismo.En el Islam, el teólogo Al-Ghazali adopta una situación afín a la del fideísmo de Tertuliano en su Talafut al-falasafa (La incongruencia de los pensadores). Donde las demandas de la razón entran en enfrentamiento con la revelación, la razón debe rendirse a la revelación. Esta situación generó una réplica desde Averroes, cuya situación fue más influyente en el pensamiento tomista y de otros cristianos medievales que lo que fue en el planeta islámico mismo. La situación de Ghazali de la absoluta autoridad y finalidad de la revelación divina llegó a ser el estándar de la exegesis musulmana ortodoxa.


La existencia de otras religiones pone una pregunta más esencial a los fideístas: todavía si la fe es la única forma para conocer la verdad de Dios, ¿de qué manera sabremos exactamente en qué Dios tener fe?


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