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Franz Camille Overbeck (* dieciseis de Noviembre mil ochocientos treinta y siete, San Petersburgo; † veintiseis de Junio mil novecientos cinco en Basilea) fue un historiador de la Iglesia Cristiana y maestro de teología protestante. Si bien publicó poco y sus pensamientos críticos respecto de la teología lo sostuvieron distanciado de los círculos teológicos oficiales, ello no lo ha privado de ejercer una repercusión permanente que llega hasta nuestros días. Sobre todo se le conoce por su durable amistad con el pensador Friedrich Nietzsche, manifiesta en una nutrida correspondencia. Además de esto compartió con este la amistad común del historiador suizo Jacob Burckhardt.


Es reconocido en nuestros días como uno de los primeros forjadores de la crítica de la teología liberal. En este respecto, ejercitó un influjo perdurable sobre teólogos de la crisis como Karl Barth y Friedrich Gogarten, no menos que sobre pensadores del siglo veinte como Martin Heidegger y Karl Löwith. Desafortunadamente, su obra más esencial y también influyente, Über die Christlichkeit unserer heutigen Theologie ("En torno al carácter cristiano de nuestra teología actual"), no ha sido todavía traducida al castellano.


Franz Overbeck fue el hijo del empresario germano-británico Franz Heinrich Herrmann Overbeck y de su esposa Jeanne Camille Cerclet, una francesa nacida en la ciudad de San Petersburgo. Por esta razón, es entendible que su educación fuera eminentemente de viso europea y humanista: primero en la ciudad de San Petersburgo, entonces desde mil ochocientos cuarenta y seis hasta la revolución francesa de mil ochocientos cuarenta y ocho en la ciudad de París, y más tarde en Dresde desde mil ochocientos cincuenta. En correspondencia con su procedencia multinacional, Overbeck podía dominar con sencillez las primordiales lenguas europeas.


A partir de mil ochocientos cincuenta y seis y hasta mil ochocientos sesenta y cuatro, estudió teología en Leipzig, Gotinga, Berlín y Jena. Bajo la decidida repercusión de Carl Schwarz y en riguroso seguimiento de las consecuencias de la teología histórica de Ferdinand Christian Baur, se sostuvo siempre y en todo momento en una postura crítica frente a la teología oficial y ante toda ortodoxia eclesial, lo que le dejó disfrutar siempre y en toda circunstancia de autonomía para meditar con independencia. Mas esta independencia de pensamiento le costaría más tarde el no ser considerado jamás para una cátedra esencial de teología en Alemania.


En mil ochocientos cincuenta y nueve, consiguió el doctorado en teología y en mil ochocientos sesenta y cuatro, consiguió también la habilitación, con una tesis sobre Hipólito de la ciudad de Roma, que le concedía la venia legendi para profesar la teología. Desde mil ochocientos sesenta y cuatro, se desempeñó como 'docente privado' (sin los derechos de un titular) en la Universidad de Jena. Fue en el año mil ochocientos setenta, cuando Overbeck fue nombrado maestro de exegesis del Nuevo Testamento y de historia de la iglesia vieja en la Universidad de Basilea. Hasta mil ochocientos setenta y cinco, vivió un piso más abajo en exactamente la misma vivienda donde se hospedaba Nietzsche, a lo largo del periodo en que este profesaba lingüística en Basilea bajo el fantasma protector de quien a la sazón fuera su profesor, el filólogo Friedrich Wilhelm Ritschl. De este tiempo data, exactamente, lo que para los dos fue el principio de una perdurable y significativa amistad.


En mil ochocientos setenta y seis, contrajo matrimonio con la suiza Ida Rothpletz (mil ochocientos cuarenta y ocho – mil novecientos treinta y tres); exactamente el mismo año en que se transformó en rector de la Universidad de Basilea, de la que sería titular y a cuya capacitad de teología (conocida en adelante por nombres como el del propio Overbeck, mas asimismo por Karl Barth y Oscar Cullman) sirvió reposadamente y sin muchos aspavientos hasta el retiro.


Cuestionamiento del carácter 'cristiano' de la teología


1873 es el año de publicación de la mayor obra de Overbeck - y esto a juzgar únicamente por su influjo siguiente, aunque no inmediato: Über die Christlichkeit unserer heutigen Theologie ("En torno al carácter cristiano de nuestra teología actual"). Se trata del libro donde expuso sus puntos de vista primordiales respecto de la imposibilidad de la teología cristiana, donde lo que quedaba cuestionado era el "carácter cristiano" (Christlichkeit = la "cristianidad") de toda empresa teológica tal y como había sido llevada a cabo en los países cristianos occidentales. La teología es, para Overbeck, cualquier cosa menos cristiana, si por "cristiano" se hace exclusiva referencia al paleocristianismo o bien al cristianismo primitivo formado por las viejas comunidades conformadas desde el kerigma evangélico. Habría de este modo una diferencia esencial entre el carácter "cristiano" del cristianismo (Christlichkeit) y la cristiandad (Christentum) como aquella cultura desde la como brotó la necesidad de algo como un alegato teórico sobre la fe: la teología. Que el cristianismo primitivo no conoce teología alguna ni dogmatismos doctrinales, es una cosa que puede comprobarse con solo percatarse de la actividad kerigmática del mismo Jesús de Nazaret, para quien en ningún caso la proclamación podía reducirse a la asimilación de puros contenidos doctrinales.


En concordancia con su magnum opus, Overbeck aduce que la cristiandad, aquella fundada por los progenitores de la iglesia, no tenía nada o bien prácticamente nada que ver con la idea original de Jesús de Nazaret ni con la religiosidad primitiva del cristianismo. Es más, no solo no tiene nada que ver, sino no tendría por qué razón tener algo que ver. Hay un abismo inabordable para Overbeck entre la religión primitiva en su expresión cristiana y la experiencia del hombre moderno que se ve confrontado por los retos de la ciencia, la justificación racional, la crítica histórica y demás demandas culturales. El cristianismo primitivo se había constituido exactamente en contraposición con todo tipo de cultura, de historia y de ciencia; todas y cada una estas ideas queridísimas para la temporada moderna, mas que no preservan relación alguna con la llegada del cristianismo primitivo ni con la proclamación kerigmática. En consecuencia, Overbeck concluye que una teología cristiana es sencillamente imposible. Una "teología cristiana" es el resultado de un forzamiento que acaba por deformar la religión primitiva.En verdad, como ha afirmado Helmut Thielicke, «para Overbeck, la historia de la iglesia es la historia de la decadencia. El cristianismo se decae en el instante en que entra a la historia y de que hace un acuerdo con ella, perdiendo de este modo la alta tensión de su escatología originaria».


En su gran obra, que debió sentirse en su temporada como una auténtica diatriba, Overbeck se dirigía críticamente tanto contra la teología conservadora y la apologética (la que se remite a un mero deletreo de dogmas pretendidamente esenciales), como contra la teología liberal, la que, por su lado, pretendía la promoción de una teología de la cultura que estuviese a la altura de los tiempos modernos y que no implicase de suyo el execrable sacrificium intellectus. Para Overbeck, los dos extremos de hacer teología (el conservador fundamentalista y el modernizador y conciliador con la cultura), yerran la esencia del cristianismo, que nada debe ver con cultura, con ciencia, con razón, con precisión histórica, ni con ninguno de esos términos y preocupaciones de los hombres actuales. Pareciese que, para Overbeck, al fin y al postre el cristianismo (y tal vez la religión como un todo) no es una cosa que deba ver con los hombres modernos. La religión ha desaparecido por siempre.


En el apéndice de Über die Christlichkeit..., Overbeck se refiere críticamente a las obras Vom alten und neuen Glauben de David Friedrich Strauß y a Über das Verhältniss des deutschen Staates zu Theologie, Kirche und Religion de Paul de Lagarde. Las dos obras eran ensayos que procuraban fomentar una religión cristiana moderna con la ayuda de la teología. Para Overbeck, se trataba, no obstante, de un intento imposible y condenado al definitivo descalabro. En un posfacio a la edición nueva de su obra escrito a escasos un par de años ya antes de su muerte (mil novecientos tres), Overbeck renovó estos puntos de vista y deseó extender cara la posteridad la valía de sus críticas, mas ahora dirigiéndose contra el libro del esencial teólogo liberal berlinés (profesor, por servirnos de un ejemplo de Karl Barth, de Rudolf Bultmann y de Dietrich Bonhoeffer) Adolf von Harnack, Das Wesen des Christentums ("La Esencia del cristianismo"), el que - conforme Overbeck - «me probó más bien lo inesencial del cristianismo, más que su esencia».


Con su libro, Overbeck se condenó por siempre a no poder ser considerado para una cátedra en Alemania. Se sostuvo consiguientemente en Basilea, donde por décadas prosiguió dando exactamente las mismas lecciones propedéuticas y donde en modo alguno expuso sus tesis provocativas. Por convicción propia hizo eso con el fin quizás de resguardar a sus estudiantes.


En privado se expresó de manera continua sobre sus pretensiones de redactar un Léxico eclesial (Kirchenlexikon) en donde tuviese la ocasión de explayarse sobre temas teológicos, mas asimismo políticos, culturales y filosóficos. El propósito de esta compilación sería lo que Overbeck estimaba como la única labor razonable y realmente interesante de una teología de la actualidad: una historia profana de la iglesia. Que esta empresa no aclararía claramente el cristianismo ni justificaría algo como la esencia de la religión cristiana o bien su necesidad actual, sino de manera contraria lo negaría y minaría, lo supo Overbeck desde siempre y en toda circunstancia y, en verdad, proponía el problema fundamental: una teología cristiana es sencillamente imposible, al tiempo que una compañía vana y absurda.


Amistad con Nietzsche


Overbeck es reconocido por haber sido el mejor amigo de Nietzsche o bien, cuando menos, por haberse mantenido leal frente a un solitario pensador a quien no le sobraban las amistades, y a quien efectivamente no le faltó estar rodeado de odios y de equívocos. No deja de ser sorprendente que el creador de la virulenta "maldición contra el cristianismo" (Fluch auf das Christenthum), tal y como rezaba el subtítulo de El Anticristo, haya encontrado en un 'teólogo' a su mejor amigo, mas las razones de esta durable amistad deben ver con una comunidad de ideas y con la imaginación conjunta de un campo de batalla común. Además de esto, Overbeck no puede ser sencillamente considerado un teólogo sin más ni más o bien de oficio. Tal y como ha dicho Niklaus Peter, podría llamársele aun un 'anti-teólogo', o bien como ha argumentado Karl Barth en su obra Die protestantische Theologie im diecinueve. Jahrhundert (mil novecientos cuarenta y siete), se trataba en todo caso de un teólogo desintereado por el cristianismo. Se trataba, de hecho, de un teólogo que en su magnum opus se había audaz a argüir, con un conocimiento soberbio de la historia de la teología, que una teología cristiana era un disparate y una compañía que, si verdaderamente se quisiera meditar a fondo de qué va la religión cristiana, resulta un obstáculo exactamente para meditar meridianamente. Una teología cristiana no es para Overbeck más que una especie de "hierro de madera", una auténtica contradicción en los términos. Debe de esta forma entrecomillarse la palabra "teólogo" cuando se predique de Overbeck, tal y como lo ha hecho Martin Henry.


Über die Christlichkeit..., apareció al tiempo que la Primera consideración intempestiva de Nietzsche (dirigida contra David Friedrich Strauß). Si bien se trataba de un texto como el de Nietzsche, a saber, del mismo talante intempestivo, no consiguió la resonancia de la que fue objeto el texto nietzscheano. Los dos amigos consideraban sus textos como hermanados y estaban conforme en las tesis esenciales. Tesis semejantes a las de Overbeck se hallan en las obras de Nietzsche hasta El Anticristo, de exactamente la misma manera que Overbeck sacó ventaja de las conversaciones que tuvo con Nietzsche para su obra. La extensa correspondencia entre Nietzsche y Overbeck ha llamado cierta atención en la posterioridad. prueba de ello es el hecho de que Walter Benjamin haya entresacado una carta de Overbeck para su compilación Deutsche Menschen (Hombres alemanes).


La amistad próxima y personal entre Overbeck y Nietzsche no llegó a su fin con la pérdida de razón del pensador.A inicios de mil ochocientos ochenta y nueve, Nietzsche le mandó a Overbeck a través de Jacob Burckhardt una famosa "nota de locos" (Wahnsinnszettel), la que lo alarmó mucho. Exactamente el mismo día que recibió esa nota, Overbeck viajó cara Turín y se encargó de Nietzsche y de poner sus manuscritos en un sitio seguro. El enfermo Nietzsche mostró aun signos manifiestos de simpatía por las visitas que le hizo Overbeck poco tiempo ya antes de su muerte en mil novecientos. Overbeck fue, puesto que, una de las realmente pocas personas que se sostuvo cerca de Nietzsche todavía cuando este ya había dejado de ser Nietzsche y se había hundido en el viaje sin retorno de la insensatez.


Después de la muerte de su amigo, Overbeck se encargó de renunciar de los mitos y leyendas que empezaban a levantarse sobre Nietzsche y se opuso a las interpretaciones equivocadas que salían del Fichero Nietzsche, incitadas por la hermana del pensador Elisabeth Förster-Nietzsche: a la sazón, directiva de ese fichero donde empezaba a forjarse la interpretación Nacionalsocialista de Nietzsche. Aun siendo ya bastante viejo, Overbeck se opuso apasionadamente a la publicación que en el Fichero Nietzsche se pretendía realizar de su correspondencia con el pensador, exactamente por sospechar de las pretensiones de su hermana.


A partir de la amistad común con Nietzsche, cultivó y apreció Overbeck una amistad con el filólogo Erwin Rohde; amistad que se sostuvo íntegra aun cuando Nietzsche y Rohde se apartaron por diferencias irreconciliables.


Madurez y también influencia


En mil ochocientos noventa y siete, se le dio a Overbeck la condición de emérito, tras una larga enfermedad. En mil novecientos tres la Universidad de St. Andrews le dio la distinción de doctor honoris causa. Franz Overbeck murió en mil novecientos cinco a raíz de dificultades en sus órganos vitales.


Brevemente tras su muerte, Elisabeth Förster-Nietzsche siguió con una campaña en contra suya, que aun tuvo efectos en su viuda Ida y en su amigo Carl Albrecht Bernoulli. Bernoulli, siguiendo indicaciones de su desaparecido amigo y de la correspondencia Nietzsche-Overbeck, creó la tradición investigativa de la obra de Nietzsche famosa como la tradición de Basilea (en clara oposición a la especie de investigación llevada a cabo en el Fichero Nietzsche dirigido por Elisabeth Förster-Nietzsche).


La relevancia de Overbeck hallaría eco con posterioridad en teólogos de la talla de Karl Barth y Karl Löwith, y en pensadores como Martin Heidegger.


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