ıllı Portal sobre Cristianismo y Catolicismo (2018)

Portal wikinfo sobre cristianismo, catolicismo, biblia, santoral, vaticano, papa, tierra santa y peregrinaciones

 !Selecciona tu Idioma!

ıllı Todo sobre el Cristianismo y los Cristianos:

ıllı Milenarismo wiki: info, historia y vídeos

COMPARTE EN TU RED SOCIAL PREFERIDA:

cristianismo, catolicismo y biblia

salud  Milenarismo 


La doctrina del milenarismo se apoya en el libro del Apocalipsis (revelación), atribuido a San Juan que se calcula escrito cara el año noventa y seis d. de C. Particularmente, toma literalmente el capítulo veinte de este libro profético en el que diríase que el demonio continuará preso en el abismo por mil años. Apocalipsis 20:4-cinco afirma que en ese tiempo, Cristo volverá y reinará al lado de los mártires ("los que habían sido degollados a raíz del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios") y aquellos que no habían venerado a la bestia. El demonio va a ser liberado por un breve tiempo al acabar ese periodo. Va a levantar contra Cristo las naciones de Gog y Magog y va a marchar por toda la tierra hasta rodear el campamento de los Santos. Entonces, va a caer fuego del cielo y los consumirá. El demonio va a ser lanzado a un estanque de azufre al lado del falso profeta y la Bestia. Ahora, va a ocurrir el Juicio de las Naciones o bien Juicio Universal: todos y cada uno de los fallecidos resucitarán y comparecerán en frente de Cristo, quien los juzgará conforme sus acciones. Los que no estén en El Libro de la Vida van a ser lanzados asimismo al estanque de fuego, sitio que señala una destrucción eterna.


La Bestia no debe identificarse con el Demonio. Las referencias a ella en el Apocalisis son múltiples y posiblemente aludiesen al emperador romano, si bien la identificación con el diablo tampoco es antojadiza. En este capítulo, en verdad la Bestia yace al lado del demonio en el fuego.


Los milenaristas calcularon esos mil años de diferente forma, mas siempre y en toda circunstancia literalmente. No obstante, este término de mil años no es de ninguna forma un factor esencial del milenio para todos y cada uno de los cristianos por igual como es concebido por sus adherentes. Para la Iglesia Católica, todo se mueve en la esfera espiritual y religiosa; todavía la descripción del fin del planeta y del juicio final llevan este sello. La victoria sobre la bestia (el contrincante de Dios y de los Santos) y sobre el anticristo, como el triunfo de Cristo y sus Santos, son descritos en el Apocalipsis de San Juan (Ap. veinte-veintiuno), en figuras que recuerdan las de los escritores apocalípticos judíos, en especial de Daniel y del apócrifo de Enoc (o bien Henoc). Satanás es encadenado en el abismo por mil años, los mártires y los justos se levantan de la muerte y comparten el sacerdocio y reinado de Cristo. Un elevado número de cristianos de la era posapostólica, particularmente en Asia Menor, se entregaron tanto a la apocalíptica judía para poner un significado textual en esas descripciones del Apocalipsis de San Juan; el resultado fue que el milenarismo se extendió y ganó fanáticos defensores no únicamente entre los heréticos (nósticos como Cerinto) sino más bien asimismo entre los cristianos.


La idea de un milenio bajo el reinado de Cristo en la Tierra formó parte esencial de la teología de los 3 primeros siglos del cristianismo. Desde el siglo II múltiples polemistas encararon las tesis de los montanistas y otros fieles que aguardaban un veloz advenimiento del Milenio y rebatirán a quienes deseaban hacer cálculos sobre en qué momento llegaría esa edad, en la manera que más tarde lo haría San Agustín, el creador de "La Urbe de Dios", recordando que Cristo había tenido el cuidado de no favorecer datas precisas sobre su segunda llegada cuando dijo: "En lo que se refiere a ese día o bien a esa hora, absolutamente nadie la conoce, ni los Ángeles del cielo ni el Hijo, sino más bien solo mi Padre", en el llamado sermón escatológico del Evangelio de Mateo 24:36.La forma en que consideraban el milenio el nóstico Cerinto, Papías, Justino y también Ireneo de Lyon y otros escritores de los primeros siglos del cristianismo, tienen como punto de inicio el libro de Apocalipsis, mas asimismo declaraciones milenaristas que se hallan en los escritos de Pedro y de Pablo, como en el Padrenuestro: "Venga Tu Reino", esto es, a la Tierra, a fin de que acá se haga Su voluntad, como se hace en el cielo (Cf. Mt seis).


Eusebio de Cesarea no era partidario del Milenio. Supuestamente esa opinión antimilenarista suya fue la que influyó en la manera en que trata a los milenaristas, entre los que asimismo hubo nósticos, pese a que por lo general los nósticos fueron los primeros en aborrecer de la sola idea de un reinado de Cristo sobre la Tierra.


Por ejemplo, leemos a Eusebio de Cesarea en Historia Eclesiástica III, 28:


La alusión al "falso mesías" en el Apocalipsis fue interpretada como señal de que ya antes del Juicio Final aparecerá un personaje de esta forma, asimismo llamado Anticristo, lo que por otro lado es predicado por Jesús en el Evangelio de Mateo. Esto movió a identificar al falso mesías con distintos gobernantes y Papas. Para el reformador Martín Lutero, por poner un ejemplo, el Anticristo era indudablemente el Papa. Por medio de toda la Edad Media, escritores eclesiásticos procuraron interpretar el pasaje en el que San Juan mienta el milenio.


Pese a la condena extraoficial con carácter de oficial para muchos, incluso en mil setecientos noventa, año en que el jesuita chileno Manuel Lacunza acabó en Imola su obra La venida del Mesías en Gloria y Majestad, persistía el milenarismo como una corriente marginal y ocasional dentro de la Iglesia Católica. El libro de Lacunza, en cualquier caso, fue incluido en el Index Librorum Prohibitorum (el listado de libros prohibidos por la Inquisición).


Debido a que de esta manera creían parte de los Santos Progenitores de la antigüedad, no únicamente Papías de Hierápolis, sino más bien asimismo, entre otros muchos, Justino Mártir, Policarpo, y el insigne Ireneo de Lyon, para Lacunza condenar el milenarismo equivaldría a condenar a una nube de testigos entre los 3 siglos primeros y a tirar por tierra el mismísimo término de la sucesión apostólica, puesto que ciertos primeros obispos cristianos eran milenaristas.


Prescindiendo del número mil, y por extensión, empezó a llamarse milenaristas a los movimientos religiosos que ponen énfasis en el regreso de Cristo, la fundación de la Nueva Jerusalén (la urbe de los justos) y el castigo a los pecadores.


La idea milenarista se dejó sentir, con un ímpetu cada vez mayor, desde el siglo XII para pronto extenderse por toda Europa mediante innumerables sectas componentes, entre las que las huestes de Dolcino en Italia, los taboritas libres y los campesinos revolucionarios de Thomas Müntzer como los anabaptistas de Münster en Alemania se resaltan por su radicalidad y por los horribles baños de sangre con que se cerraron aquellos capítulos.


Las razones de este renacimiento del milenarismo no son evidentes y lo más probable es que exista acá una fuerte relación con el militantismo belicoso que invade a la cristiandad desde la Primera Cruzada, que se desencadena haciéndose eco del conocido Sermón de Clermont efectuado por el papa Urbano II en mil noventa y cinco. Las “guerras santas” de aquella temporada se dan por su parte en un contexto económico y social poco a poco más apremiante, donde el incremento poblacional estaba desbordando las capacidades de la agricultura europea. Había de esta manera muchos segmentos poblacionales que no podían acceder a la tierra ni tampoco a situaciones en los estamentos establecidos de la sociedad medieval y entre los que tendía a imponerse un modo de vida itinerante. Fuera como fuera, la marea de la fe componente se volcaría cara el planeta, así sea para conquistarlo, como en el caso de la Tierra santa, después de América, o bien para rehabilitarlo de raíz, como en el seno mismo de la vieja cristiandad.


Será a fines del siglo XII cuando el milenarismo hallará su teorético más importante y de lejos más influyente: el fraile calabrés Joaquín de Fiore (Gioacchino da Fiore, mil ciento treinta y cinco-mil doscientos dos), “de espíritu profético dotado”, para emplear las palabras que Dante le dedicó en La divina comedia. Paul Johnson lo califica en su Historia del Cristianismo, con toda razón, como el más erudito, sistemático y “científico” de todos y cada uno de los autores medievales de sistemas proféticos. Además de esto, “no era un rebelde, sino más bien un muy elegante abate calabrés, protegido por 3 papas, un hombre cuya charla agradó a Ricardo Corazón de León en su viaje a lo largo de la Tercera Cruzada.”


El fraile calabrés Joaquín de Flor, mientras que viajaba por Galilea entre mil ciento cincuenta y seis y mil ciento cincuenta y siete, tuvo una experiencia mística en el Monte Tabor, después del como consiguió el don de la exegesis. Para él la historia de la humanidad es un proceso de desarrollo espiritual, que pasa por 3 fases: la Edad del Padre de cinco mil años (Era de la Ley), la Edad del Hijo de dos mil años (Era de la Gracia) y la Edad del Espíritu Santo de mil años (Era del Amor).


Joaquín es el autor de una interpretación de la historia que, de la misma manera que la de San Agustín, ha de ser considerada como una de las grandes novedades culturales de Occidente y, además de esto, como el restablecimiento sistemático del milenarismo. Tal y como Karl Löwith lo dice: “Joaquín abrió la puerta a una revisión esencial de mil años de historia y de teología cristiana Su creencia en un último progreso providencial cara la culminación de la historia de salvación en la estructura misma de la historia del planeta es radicalmente nueva en comparación con el diseño de Agustín.” La esencia de la concepción del fraile calabrés radica en su visión de la historia como manifestación progresiva de la Trinidad, esto es, como un proceso dividido en 3 grandes fases, mediante las que se pasa a niveles más altos de perfección, acabando en un estadio de totalidad y bienaventuranza caracterizado por la libertad, la santidad, la inocencia, el amor y la armonía contemplativa que Joaquín llamó ordo monachorum. Para él, la humanidad había superado ya la primera fase en esta evolución, la Temporada de Padre, y se hallaba al final de la segunda fase, la Temporada del Hijo, cuyo término predecía, apoyándose en el pasaje 12:6 del Apocalipsis, para el año mil doscientos sesenta. Joaquín se consideraba a sí mismo como el anunciador de la tercera y dichosa fase, como el Juan Bautista de la Temporada del Espíritu Santo. El paso a esta tercera temporada estaría marcado por hechos de un dramatismo propiamente apocalíptico, como ser enormes guerras y sufrimientos relacionados con la aparición del muy temido Anticristo, el que sería por último derrotado, el pueblo judío transformado y el milenio abriría de este modo sus ansiadas puertas.


La magnífica visión histórica de Joaquín conocería un destino singular. Ciertos de sus acólitos radicalizarían su premonición, pasando habitualmente a la preparación práctica de la renovatio mundi anunciada y la creación de esa especie de hombre nuevo medieval que es el homo bonus de Dolcino, uno de los seguidores más temidos de las premoniciones de Joaquín. Otros adoptarían las formas más radicales del movimiento franciscano, en cuyo seno tanto las premoniciones reales como las atribuidas a Joaquín tuvieron gran repercusión. Frente al tiempo de cisma extendido que dominaba a la cristiandad de entonces, la Iglesia respondió, a través de la Inquisición, con una brutal opresión de los disidentes más extremos. Las premoniciones del abate calabrés pasaron desde ese momento a nutrir el submundo de la herejía y de la subversión, inspirando nuevas y nuevas generaciones de rebeldes a lo largo de los siglos venideros. Mas no solo los Dolcino, los Müntzer o bien los Campanella recibirían inspiración de Joaquín. Mediante la enorme repercusión de la obra del alemán Gotthold Ephraim Lessing (uno de los grandes referentes intelectuales de Marx) titulada Sobre la educación de la especie humana de mil setecientos ochenta se relanzará, desde el seno mismo de la Ilustración, el esquema triádico de Joaquín, preanunciando las formulaciones hegelianas y, por su conducto, las marxistas. En Francia, las ideas del abate calabrés van a ser reivindicadas por los acólitos de Henri de Saint-Simon y Auguste Comte rendirá homenaje a Joaquín en quien va a ver uno de sus precursores. Entre los jóvenes hegelianos (entre quienes se cuentan Marx, Engels y Bakunin) la visión de Joaquín fue relanzada en mil ochocientos treinta y ocho por el conde polaco August von Cieszkowski en una obra señera titulada Preliminares sobre la filosofía de la historia.En esta obra Cieszkowski plantea la necesidad de pasar a la acción, elaborando lo que mismo llama una “filosofía de la praxis” (“die Philosophie der Praxis”). De esta forma, Joaquín de Fiore va a entrar de lleno al panteón de la modernidad y le va a poner su sello a nuestras utopias contemporáneas.


Incluso actualmente el fraile calabrés no pierde su actualidad. Conforme se pudo leer en el Sunday Times del veintisiete de marzo de 2009 el portavoz de la santa Sede, padre Raniero Cantalamessa, aseveró que Joaquín fue convocado 3 veces en los alegatos de la campaña electoral de Barack Obama como una autoridad ética y un soñador. Ante esto, Cantalamessa recordaba que, tal y como exactamente el mismo Papa Benedicto XVI hace no mucho lo mantuvo, para la Iglesia Católica los pensamientos de Joaquín eran “falsos y heréticos”. No obstante, absolutamente nadie ha podido localizar las presuntas referencias de Obama a Joaquín.


La reforma protestante del siglo XVI vino entonces a prestar terreno fértil para una nueva ola de difusión del pensamiento milenarista, que tomaría las formas más diferentes, inspirando desde respetables sociedades científicas en Inglaterra hasta muchos de los emigrantes que partirían para buscar la tierra prometida alén del Atlántico. La caída del Imperio bizantino (mil cuatrocientos cincuenta y tres) mereció interpretaciones milenaristas, asimismo el descubrimiento de América movió a muchos espíritus a comprender el evento como un signo de la llegada de los tiempos presagiados por San Juan. El fraile dominicano Francisco de la Cruz, condenado a la fogata en mil quinientos setenta y ocho, predicó el traslado del Papa a Lima, la Nueva Jerusalén; mismo se llamó el "tercer David" y proclamó la espera de un "Tercer Testamento". En plena Era Moderna, muchos prosiguieron ocupándose de la interpretación del Apocalipsis. El propio Isaac Newton, el descubridor de la ley de gravedad, escribió sobre la vieja premonición y también hizo cálculos sobre el cumplimiento de sus plazos. En mil quinientos noventa y cinco se publicaron las premoniciones de san Malaquías, aparentemente datadas en el siglo XII, que han adquirido un carácter apocalíptico fijando una data aproximada del fin del planeta mediante una lista de papas. Puesto que esta premonición determina una data próxima para tal acontencimiento (tras el actual papa, Francisco, hasta el fin del planeta quedaría un solo papa: Pedro de la ciudad de Roma), han adquirido gran popularidad últimamente.


Las ideas del fin de los tiempos, de la Nueva Jerusalén y la de los escogidos que reinarán al lado de Jesús fueron centrales en iglesias protestantes que se establecieron en Norteamérica. La sectarización de ciertos de estos conjuntos, sobre todo por fundamentarse en la idea de los escogidos, los aisló de sus comunidades y redujo su repercusión. En cambio, otras iglesias milenaristas, como la de los anabaptistas, llegaron a ser populares. A lo largo del siglo veinte ciertas iglesias evangélicasfundamentalistas articularon una visión milenarista, con una concepción sobre el Arrebatamiento para conservar a los fieles ya antes de los sucesos finales y la cercanía del regreso de Cristo, revelada conforme con sus interpretaciones, por el restablecimiento del estado de Israel. Los Testigos de Jehová asimismo mantienen la idea de un reino milenario, si bien con diferencias muy marcadas con respecto a la interpretación del mismo. El término de un milenio de paz y prosperidad en la tierra bajo el gobierno de Jesucristo y de ciento cuarenta y cuatro mil escogidos es una de las enseñanzas y opiniones esenciales de este conjunto, muy socorrida en sus publicaciones.


El P. Manuel Lacunza Díaz, S. I. (S. de Chile, diecinueve de julio de mil setecientos treinta y uno - † Imola, Italia, diecisiete de junio de mil ochocientos uno), un teólogo jesuíta chileno, acabó en el año mil setecientos noventa el trabajo teológico de su vida, enmarcado en la corriente del milenarismo, titulado Venida del Mesías en gloria y majestad. Los 3 tomos de su obra fueron publicados póstumamente bajo el seudónimo judío de Juan Josafat Ben-Ezra.


Para Lacunza, resulta evidente que hubo bastantes Progenitores de los primeros 3 siglos que mantuvieron una forma de milenarismo, aproximadamente en exactamente la misma línea que plantea el jesuíta chileno. Conforme el testimonio de Eusebio y las aseveraciones de San Jerónimo, se adscribieron al milenarismo: Papías, San Justino, San Ireneo de Lyon, Tertuliano, Metodio, Victorino, Lactancio, Sulpicio Severo, entre otros muchos. No obstante, desde el siglo IV, y sobre todo desde San Agustín, el milenarismo desapareció por completo del horizonte de la tradición cristiana por prácticamente un milenio. Por esta razón, Lacunza no acepta el acuerdo o bien unanimidad de los Progenitores y Doctores de la Iglesia, y para respaldar sus tesis milenaristas, reduce dicho acuerdo solo a los 3 primeros siglos, aseverando que los Progenitores más viejos tendrían más fuerza argumentativa que los Progenitores siguientes.


Desde el principio, el libro del P. Lacunza tuvo seguidores entusiastas y opositores declarados entre los jesuítas. Joaquín Camaño, cita entre los primeros a José Petisco y Bartolomé Pou, y entre los segundos a Domingo Muriel y José Guevara. Exactamente el mismo P. Camaño era un opositor vehemente pues le hería el menosprecio con que Lacunza trataba a los expositores sagrados y la libertad con que daba por determinadas sus interpretaciones de la Escritura.


Diego de Villafañe, que calificó la obra de «ingeniosa y gustosa», mas «con fallos y modos de charlar dignos de censura», escribió contra ella un libro, que no llegó a imprimir. El mayor impugnador fue Toribio Caballina, que juzgaba que la obra de Lacunza conducía a perder las ánimas. Le respondió, en forma del mismo modo áspera, el más apasionado defensor de Lacunza, José Valdivieso. Manuel Luengo, reconociendo un fondo genial en la obra del P. Lacunza, escribió que no se imprimiría nunca, agregando haber visto una carta de la corte de la capital española en que se calificaba a Lacunza de soñador y hereje. Ramón Diosdado Caballero, escribió (el veintiocho de diciembre de mil ochocientos uno) a Pedro Domínguez, del que había recibido una copia manuscrita: «Estímese la América de haber dado a luz un sujeto que ha abierto un camino tan singular y extraño para llegar al conocimiento y también inteligencia de la Escritura y particularmente del Apocalipsis».


Con el tiempo no mermó la fama del libro ni la división entre defensores y opositores. A lo largo del siglo XIX se propagó extensamente entre los jansenistas. Félix Torres Amat, renombrado traductor de la Vulgata al de España, en una nota al capítulo veinte del Apocalipsis, aconseja la lectura de la obra del P. Lacunza como «digna que la mediten los que particularmente se dedican al estudio de la Escritura, por el hecho de que da luz para la inteligencia de muchos textos oscuros», mas sin proteger a los milenaristas puros o bien espirituales, con la próxima advertencia: «pero no miro recomendable que la lean aquellos cristianos que solo tienen un conocimiento superficial de las verdades de la Religión, por el mal empleo que pueden hacer de ciertas máximas que adopta el padre Lacunza».


Aunque fue incluida en el Índice en el año mil ochocientos veinticuatro, razón bastante a fin de que quedase con nota y sospecha de fallo, la polémica en torno a Lacunza siguió en el siglo veinte, y por lo mismo, eran protegidas sus tesis ante la carencia de un pronunciamiento magisterial. Mas en el año mil novecientos cuarenta y uno, la Sagrada Congregación del Santo Oficio en carta dirigida al arzobispo de la ciudad de Santiago José M. Costoso Rodríguez, remitiéndose a la prohibición de mil ochocientos veinticuatro, rechazó el sistema milenarista, todavía el mitigado, y apuntó que dicha doctrina, bajo ningún pretexto podría ser enseñada, propagada, protegida, recomendada, sea de viva voz o bien por escrito.


Pero la mayor repercusión del jesuita chileno quedó marcada sobre el protestantismo. Aunque las ideas de Lacunza fueron debatidas y rechazadas en el catolicismo, paradójicamente las iglesias protestantes las elevaron al quasi status de revelación y el libro, repetidamente condenado desde mil ochocientos veinticuatro, es considerado un tradicional por el protestantismo.


Edward Irving, un pastor escocés presbiteriano, leyó la obra de Lacunza y la tradujo al inglés en mil ochocientos veintisiete. Irving —quién era además de esto un orador brillante— creó la Iglesia Apostólica Católica en Escocia inspirado en Lacunza en que la segunda venida de Cristo estaba cerca.


La presencia de las ideas de Lacunza es asimismo evidente en John Nelson Darby (mil ochocientos-mil ochocientos ochenta y dos), el padre del dispensacionalismo moderno. Este evangelista anglo-irlandés —a quien se le debe la teoría del "rapto secreto"—, fue un líder esencial del movimiento conservador los Hermanos de Plymouth, una asociación heterogénea de conjuntos evangélicos independientes entre sí con veloz expansión en Europa y Norteamérica. Los Hermanos de Plymouth y los irvingitas compartían en un comienzo, un común interés por los inconvenientes escatológicos. El ex--clérigo anglicano, Darby, se uniría después a los Hermanos de Plymouth, y fomentaría las enseñanzas del traductor del libro de Lacunza, el pastor presbiteriano Irving, agregando ciertas por su cuenta.


COMPARTE EN TU RED SOCIAL PREFERIDA:

mas informacion


  ELIGE TU TEMA DE INTERÉS: 


autoayuda.es

  Cristianos (Wikinfo) 

autoayuda.es   BUSCADOR Cristiano    

 

USUARIOS:

Hay 274 invitados y ningún miembro en línea

cristianismo, catolicismo y biblia

cristianismo, catolicismo y biblia

 

WEBs RELACIONADAS:

 cristianismo, catolicismo y biblia

Está aquí: Inicio > [ CRISTIANISMO ] > ıllı Milenarismo wiki: info, historia y vídeos

Las cookies nos permiten ofrecer nuestros servicios. Al utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las cookies. Ver políticas