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salud  Renuncia de Benedicto XVI 


wikiBenedicto XVI, escogido papa el diecinueve de abril de dos mil cinco, tuvo un pontificado de prácticamente 8 años de duración. En el mes de febrero de dos mil trece anunció su renuncia por su edad avanzada (ochenta y cinco años en ese instante).

La renuncia del papa Benedicto XVI al pontificado de la Iglesia católica fue anunciada por él mismo el once de febrero de dos mil trece, y fue eficaz el veintiocho de febrero, a las 20:00 horas de la ciudad de Roma. En ese instante, la sede apostólica quedó vacante y dio inicio un cónclave en el mes de marzo para escoger al siguiente Sumo Pontífice de la Iglesia católica. Se transformó de esta manera en el primer papa en abandonar en quinientos noventa y ocho años, puesto que el último en renunciar había sido Gregorio XII, en mil cuatrocientos quince. No obstante, el precedente de Celestino V, en mil doscientos noventa y cuatro, es el único que no da sitio a dudas sobre la espontaneidad de la resolución.


La nueva fue objeto de una extensa cobertura mediática, centrándose en el carácter inusual de un hecho como este en la historia, calificado por ciertos como «revolucionario», al ir contra la costumbre católica en la que el papa extiende su pontificado hasta el instante de su fallecimiento.


El trece de marzo de ese año, el argentinoJorge Mario Bergoglio fue escogido sumo pontífice adoptando el nombre de Francisco, lo que le transformó en el primer papa sudamericano de la historia.

Renuncia al papado

Las renuncias al pontificado no representan un caso apartado en la historia de la Iglesia católica; en verdad la posibilidad de renuncia está contemplada en el Código de Derecho Preceptivo de mil novecientos ochenta y tres. El primer papa del que se tiene conocimiento de haber renunciado fue Clemente I, en el año noventa y siete, al paso que la última renuncia papal había ocurrido con Gregorio XII, que ejercitó como papa de mil cuatrocientos seis a mil cuatrocientos quince. Desde ese momento ningún otro Sumo Pontífice había renunciado a su ministerio, con lo que Benedicto XVI fue el primero en abandonar en quinientos noventa y ocho años.


Peticiones de renuncia y también informe sobre Vatileaks


En dos mil nueve el sacerdote suizoHans Küng —al que la santa Sede anuló en mil novecientos setenta y nueve su autoridad para ejercer teología católica— solicitó la renuncia del Papa frente a lo que consideró «una cadena de fallos en los que Benedicto XVI ha ido poniendo obstáculos en el diálogo de las iglesias cristianas entre sí y con otras religiones». Citó a forma de ejemplo la revocación que hizo ese año de las excomuniones impuestas al arzobispo francés Marcel Lefebvre y al prelados inglés Richard Williamson.


En marzo de dos mil diez ciertos participantes de la manifestación en Europa demandaron la renuncia del Papa debido a la difusión de una serie de escándalos de pederastía relacionados con sacerdotes. Arguyeron que era siendo consciente de la situación aun desde antes que fuera elegido máximo líder de la Iglesia católica, mientras que estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y «no reaccionó con velocidad ni con fuerza» a pesar de que había pedido la investigación de ciertos casos y de que procuró atajar el inconveniente con penalizaciones más severas a los culpables. Los escándalos tuvieron un efecto mediático notable en la imagen de la Iglesia católica y de manera especial en la figura papal depositada en Benedicto XVI.


Después de que el Papa anunciase oficialmente su renuncia, la gaceta italiana Panorama dejó entrever que el escándalo Vatileaks —en el que fueron filtrados a la prensa múltiples documentos reservados del Vaticano— pudo haber influido en la resolución de Ratzinger. Conforme a la publicación citada, el diecisiete de diciembre el Papa recibió un informe detallado por la parte de los cardenales asignados para investigar la filtración, en donde se enteró de una «extendida resistencia en la Curia al cambio y muchos obstáculos a las acciones pedidas por el Papa para fomentar la transparencia», situación que lo dejó muy sorprendido. A este respecto, el diario italiano La Repubblica añadió que ese informe podría haber contenido asimismo patentizas de «una red homosexual compleja, organizada y cimentada en la bóveda de la Iglesia» y de la existencia de «luchas de poderes» entre ellos miembros de la Curia. Aunque el cardenal Julián Herranz, que encabezó la comisión de investigación sobre el caso, apuntó que «ovejas negras, no afirmo que no, como en todas y cada una de las familias, mas es el Gobierno menos corrupto y más transparente que hay», negó que Vatileaks hubiese tenido relación con la renuncia catalogando los cotilleos como «anécdotas sobre la resolución del Santo Padre y los inconvenientes de la Iglesia». Días ya antes de la renuncia, múltiples medios italianos pidieron al Vaticano la publicación del contenido del informe de Vatileaks, no obstante Benedicto XVI apuntó que ese documento sería rigurosamente reservado y solo tendría conocimiento de él quien resultara escogido como su sucesor. La postura del Vaticano en comparación con informe ha sido crítica, al calificar semejantes declaraciones como «calumnias de oportunistas», que podrían haber buscado influir en la resolución del ocasional cónclave.


Salud y vejez


Desde dos mil diez Benedicto XVI había barajado la posibilidad de dejar de manera voluntaria su ministerio en el libro Luz del mundo: El papa, la Iglesia y los signos de los tiempos, escrito así como Peter Seewald. Ahí explicó que en el caso de que «el papa ya no sea física, sicológica y espiritualmente capaz entonces tiene el derecho, y bajo determinadas circunstancias la obligación, de renunciar». Un par de años después, en dos mil doce, su salud degeneró por afecciones cardiacas y esto le llevó a anular su asistencia a múltiples acontecimientos públicos. Su hermano, Georg Ratzinger, estaba al tanto de la resolución de Ratzinger meses ya antes de su anuncio a la prensa. A su parecer, era una resolución razonable pues «no dejaba de sentirse cada vez más viejo Ya no tiene la energía. Está en un proceso natural de envejecimiento quiere una mayor calma para su vejez». En el mes de julio de dos mil doce el cronista italiano Gianluigi Nuzzi, autor de Su Santidad: los papeles secretos de Benedicto XVI, comentó: «está claro que hay una fatiga en el Santo Padre por sostener unida a la Iglesia o bien, cuando menos, al Vaticano». El jornal L'Osservatore Romano arguyó que la resolución había sido tomada mientras que efectuaba sus visitas apostólicas en México y Cuba, en el tercer mes del año de dos mil doce. Tras la renuncia, el Vaticano explicó que la renuncia se debió principalmente a su vetustez y no a sufrimientos en su salud, los que apuntó como propios de una persona de su edad.

A la izquierda, Juan Pablo II en el primer mes del verano de dos mil cuatro, diez meses ya antes de su fallecimiento. A la derecha, Benedicto XVI en dos mil diez.

Juan Pablo II, precursor de Benedicto XVI, mantenía que abandonar al papado era como desamparar la cruz y advertía para sí mismo «como grave obligación de conciencia el deber de proseguir desarrollando la labor a la que Cristo mismo me ha llamado». En mil novecientos noventa y cuatro, a lo largo de su permanencia en el centro de salud Gemelli, Juan Pablo II expresó: «No hay sitio en la Iglesia para un papa emérito».


Un diálogo mantenido entre Juan Pablo II y Henri Grouès, más conocido como el abate Pierre, forma un contrapunto ilustrativo sobre el tema.

El abate Pierre en mil novecientos noventa y nueve.

El propio Joseph Ratzinger apuntó que en los últimos tiempos del pontificado de Juan Pablo II, el sufrimiento que sufrió fue prácticamente una forma de gobierno:


Por otra parte, y en referencia a Benedicto XVI, la gaceta La Civiltà Cattolica —publicación romana de los jesuitas, considerada en «sintonía» con la santa Sede— expresó en su nota editorial que «el Papa renuncia al ministerio petrino no pues se siente enclenque, sino más bien por el hecho de que advierte que están en juego retos vitales que requieren energías frescas». Y concluyó señalando: «Al abandonar al pontificado, Benedicto XVI dice algo a la Iglesia de hoy: la invita a no temer, a dedicar sus fuerzas para abrirse a los retos y a no temer la velocidad y el peso de los cambios». En exactamente la misma línea de análisis se apuntó que la clave para entender en profundidad la resolución de Joseph Ratzinger tal vez requiera atender a su racionalidad y al valor que le da a la conciencia personal.


En la última de las audiencias y ante cerca de 100 mil personas, Benedicto XVI expresó que la renuncia al papado no necesariamente implica bajar de la cruz:


El Papa anunció su renuncia en latín, idioma oficial de la Iglesia católica, a lo largo de un consistorio ordinario público, o bien asamblea del instituto cardenalicio, para descubrir las datas de canonización de las santas María Guadalupe García Zavala, de México; y Laura Montoya, de Colombia, y de los mártires italianos Antonio Primaldo y más de ochocientos compañeros suyos. Esta liturgia se hizo el once de febrero de dos mil trece, entre las 11:30 y 11:40 a.m, hora de la ciudad de Roma. En el acontecimiento estaban presentes 5 reporteros que cubrían la nueva en torno al consistorio: una corresponsal italiana, uno mexicano, 2 franceses y un nipón.


Al terminar la asamblea cardenalicia, Benedicto XVI recibió un papel por la parte del monseñor Guido Marini, que contenía su mensaje terminante de renuncia, eficaz el veintiocho de febrero del mismo año. Como resultado, ese día a las 20:00 en hora local de la ciudad de Roma, la sede apostólica quedaría vacante y se daría inicio a un cónclave para seleccionar al siguiente sumo pontífice.


La nueva fue dada a conocer a la prensa internacional por la reportera italiana Giovanna Chirri, de la agencia de noticias ANSA, debido a su entendimiento del latín. Entonces fue confirmada por el sitio de la Radio Vaticana. Benedicto XVI volvió a explicar exactamente el mismo motivo en una audiencia festejada dos días tras su anuncio, en los que se enfocó en «de fuerza que requiere desempeñar el ministerio petrino», y en su última misa como papa, el veinticuatro de febrero, donde añadió: «Dios me solicitó dedicarme a la oración y a la meditación».


Chirri, corresponsal italiana presente en el anuncio de renuncia del Papa y la primera en interpretar el mensaje en latín, confesó haberse sentido «nerviosa sentía que las piernas me temblaban», tras oír el comunicado. Su primera reacción, de exactamente la misma forma que la de todos y cada uno de los presentes en la liturgia, conforme recordó, era de incredulidad, puesto que «hacía siglos que un papa no renunciaba». Hay que resaltar que la reacción de Chirri resulta relevante, puesto que fue la primera en entender el mensaje y darlo a conocer a la prensa internacional, a diferencia de múltiples cardenales presentes que tardaron dos minutos en entender la situación. El cardenal Angelo Sodano equiparó en sentido metafórico la renuncia como «un trueno en un cielo sereno», al tiempo que Federico Lombardi, vocero de la santa Sede, señaló: «nos ha tomado por sorpresa ha sido meditado y tomado con total libertad. No se precisa que absolutamente nadie admita la renuncia . Sodano manifestó que el Instituto Cardenalicio apoyaba la resolución del Santo Padre. Herranz, que encabezó el conjunto que estudió las infiltraciones del escándalo Vatileaks, estimó que el anuncio había resultado ser, para él, «un acto de humildad, por el hecho de que el desprenderse del poder no es moneda de todos y cada uno de los días». El protejo de Tierra santa Pierbattista Pizzaballa OFM afirmó que estaba «sorprendido por la noticia», mas añadió que es un ademán que «debemos entender en su profundidad, en tanto que es bastante nuevo para la Iglesia. De alguna forma, creo que desmitifica de forma positiva ciertos aspectos del ministerio petrino». Pizzaballa apuntó que Benedicto XVI siempre y en todo momento estuvo cerca de la Iglesia en Tierra santa, recordando particularmente su visita esencial a la zona en dos mil nueve y la Exhortación Apostólica Ecclesia in Medio Oriente.


Varios ?íderes políticos, como representantes religiosos, de diferentes países expresaron su sorpresa del mismo modo, aparte de su respeto a la resolución tomada por Benedicto XVI; entre ellos figuraron François Hollande (Francia), Mario Monti (Italia), Angela Merkel (Alemania), el imán Riay Tatary (España), Michael D.Higgins (Irlanda), Rafael Correa (Ecuador), Shimon Peres y Benjamín Netanyahu (Israel; Netanyahu especificó que «gracias su acción como Papa las relaciones entre cristianos y judíos y entre la santa Sede y el Estado hebreo»), Barack Obama (USA), Ban Ki-moon (secretario general de las Naciones Unidas), José Manuel Durão Barroso (presidente de la Comisión Europea),


Entre los líderes religiosos no católicos que expresaron su agradecimiento al Papa por su pontificado, se hallan el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, el patriarca ortodoxo de MoscúCirilo I, el Patriarca Universal Bartolomé I, el rabí ashkenazi de Israel Yona Metzger y el presidente de la Unión de las comunidades islámicas de Italia Izzedin Elzir. Metzger señaló: «Yo lo cariño mucho por su enorme actividad en favor de la conexión interreligiosa que ha contribuido en buena medida a la reducción del antisemitismo en el mundo». El Dalái Lama aseveró estar triste por su renuncia, mas agregó que la de Benedicto XVI fue una «decisión realista» y por el bien de los cristianos.


Hubo asimismo creencias que criticaban tal resolución, como las de los profesores brasileiros de historia André Chevitarese, que calificó la renuncia como «una situación embarazosa para el Vaticano Las elites religiosas no tienen un caso reciente de de qué manera proceder», y Edgar Leite Ferrera, quien comentó que «va contra una tradición es un fenómeno extraño en la Iglesia», aparte de indicar que «Si es elegido por el Espíritu Santo, como lo es el Papa, no importa mucho si está esclerosado, con Alzheimer o bien cualquier cosa, por el hecho de que eso no existe en la relación del hombre con Dios». Por otro lado un conjunto de personas en Irlanda, que representó a las víctimas infantiles de pederastía por la parte de sacerdotes, festejó la renuncia al argüir que su pontificado «ha estado polucionado por los escándalos y esto seguirá hasta el momento en que se aborden las raíces del problema». En Italia, la nueva produjo inseguridad en múltiples habitantes que consideraron como «un instante perturbador». Para el escritor italiano Massimo Franco, en cuya autoría están múltiples publicaciones sobre el Vaticano, declaró que «la renuncia suma inestabilidad a la inestabilidad La Iglesia que era una fuente de estabilidad es ahora una esencial fuente de inestabilidad».


En referencia a la significación de la renuncia, Mario Vargas Llosa escribió:


Sobre la renuncia de Benedicto XVI, el Camarlengo y ex- Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, afirmó en una entrevista a la agencia católica Rome Reports que el ahora Papa Retirado le había confiado su deseo de abandonar a mediados de dos mil doce, en tanto que se sentía «cansado, anciano». Para entonces se hallaba visitando Cuba y México, y después debería encabezar la Jornada Mundial de la Juventud dos mil trece en la ciudad de Río de Janeiro.


En ocasión del primer aniversario de su renuncia, Benedicto XVI hizo referencia a las supuestas presiones y conspiraciones que la habrían motivado. Aseguró en una carta mandada al diario La Stampa que «La única condición de la valía es la plena libertad de la resolución. Las especulaciones sobre la invalidez de la renuncia son sencillamente absurdas».


Benedicto XVI prosiguió con sus actividades programadas como papa hasta el veintiocho de febrero, entre las que estuvieron las audiencias con los ?íderes Otto Pérez Molina, de Guatemala, y Traian Basescu, de Rumania. Del mismo modo, encabezó la misa de Miércoles de Ceniza el trece de febrero. Entre el diecisiete y el veintitres del mismo mes participó en un retiro espiritual y el veinticuatro de febrero ofició su última misa como máximo jefe de la Iglesia católica, en la plaza de San Pedro ante doscientos cero asistentes. Un día siguiente, autorizó que modificaran la ley eclesiástica para dejar que el cónclave pudiese dar inicio ya antes del plazo tradicional, que era de entre quince y veinte días tras la muerte o bien renuncia de un papa. De este modo, el cónclave empezaría justo una vez que todos y cada uno de los cardenales capaces para participar en el acontecimiento estuviesen reunidos en la ciudad de Roma. El veintisiete de febrero hizo su última audiencia en la plaza de San Pedro, y, al día después, a las 16:55 horas de la ciudad de Roma, salió del Palacio Apostólico Vaticano acompañado del retumbar de las campanas de las iglesias establecidas en la diócesis de la ciudad de Roma.


Posteriormente se trasladó a vivir a la vivienda de verano de los pontífices, localizada en Castel Gandolfo, donde estuvo a lo largo de poco más de un par de meses. En ese lugar, a las 17:30 horas, dio su último alegato público como pontífice. El dos de mayo se trasladó al convento Mater Ecclesiae, tras la Basílica de San Pedro, sitio en el que apuntó que le agradaría vivir por el resto de su vida. Desde ese momento radica ahí al lado de su secretario monseñor Georg Gaenswein, las 4 laicas consagradas del movimiento Comunión y Liberación y su nuevo asistente, un diácono flamenco que habla alemán. Su traslado temporal a Castel Gandolfo se debió a tareas de rehabilitación en el último edificio citado. Al tiempo, el sitio de la santa Sede y la cuenta de Twitter que usaba Benedicto XVI fueron cambiados para enseñar la insignia de la sede vacante.


En cuanto a su rol a lo largo del cónclave para seleccionar a su sucesor, el propio Vaticano declaró que este no influirá en ningún aspecto en las votaciones. El título que conserva desde el instante en que dejó su cargo apostólico como Sumo Pontífice es el de «Papa emérito» (o bien asimismo «Romano Pontífice emérito»), si bien Lombardi aseguró que la denominación «Benedicto XVI» es «inalienable», y como tal podría seguirse usando para referirse al Papa retirado. Por su parte, su anillo del Pescador fue rasgado con una raya o bien una cruz a fin de que no se pudiese regresar a utilizar, y después preservado en la Oficina de las Liturgias Pontificias.Anteriormente, este símbolo papal era destruido tras la muerte de cada papa, para eludir que fuera utilizado ilícitamente como sello para aprobar documentos papales. Entre la renuncia de Benedicto XVI y la conclusión del cónclave, el gobierno de la Iglesia católica recayó sobre Tarcisio Bertone, entonces camarlengo.


El Cónclave de dos mil trece comenzó el doce de marzo y concluyó al día después cuando, a horas de la noche, el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido como el nuevo papa, adoptando el nombre de Francisco. Es el número doscientos sesenta y seis de la historia, el primero americano y el primero de capacitación jesuita.


Cinco meses tras esa elección, Benedicto XVI apuntó a una persona de confianza que lo visitó en el viejo monasterio Mater Ecclesiae de la Urbe del Vaticano que, cuanto más comprobaba el enorme «carisma» de su sucesor Francisco, más entendía que su resolución había sido «voluntad de Dios», que su renuncia había sido «inspirada por Dios».


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