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salud  Retablo mayor de la catedral de Oviedo 


El Retablo mayor de la catedral de San Salvador de Oviedo, ubicada en la urbe de Oviedo (España), es una obra de estilo tardogóticohispano-flamenco efectuada absolutamente en madera policromada, que ocupa la pared trasera de la capilla mayor de la catedral de Oviedo en prácticamente 2 tercios de su altura y en su ancho.Está dividido en veintitres escenas que narran diferentes acontencimientos de la vida de Jesucristo, organizadas en 3 ciclos: Niñez, Vida pública y Pasión, Muerte y Resurrección; con el objetivo de proclamar la doctrina cristiana, acrecentar la grandiosidad de la catedral y además de esto servir de guía educativa para unos fieles, generalmente, con muy pobre capacitación religiosa.


Su construcción fue ordenada por el prelados Valeriano Ordóñez de Villaquirán al escultor Giralte de Bruselas que lo efectuó entre los años mil quinientos doce y mil quinientos diecisiete en cooperación con otros artistas como Juan de Balmaseda, Guillermo de Holanda y Esteban de Amberes. El policromado fue encargado por el prelados Diego de Acuña al artista León Picardo que trabajó de mil quinientos veintinueve a mil quinientos treinta y uno.


Obra escultórica


En mil cuatrocientos noventa y ocho se cerraron las cúpulas de la nave central de la catedral, lo que significó para la iglesia poder comenzar a dotarse de todos y cada uno de los elementos rituales y ornamentales que hasta la data faltaban o bien eran temporales, como rejas, órganos, imágenes,… Resalta sobre todo la construcción de la sillería del coro, asimismo de estilo gótico. No obstante la obra más deseada y a la que había que dedicar más recursos, era el Retablo mayor.


La función que se requería del mismo era, como en otras catedrales de su tiempo, la proclamación de la Doctrina y el Evangelio, en especial la «Gloria del Salvador» con un fin marcadamente triunfalista y con gran despliegue iconográfico que charlase del mismo modo bien de la riqueza y poder de la sede episcopal ovetense. Mas asimismo está presente el interés pedagógico del retablo al representar y hacer más de manera fácil entendibles a los fieles, los diferentes acontencimientos de la vida de Jesucristo en los que se fundamenta la doctrina cristiana, teniendo presente que en esa temporada la capacitación de la población, y de los clérigos asimismo, era muy pobre, sirviendo como apoyo visual a la predicación y la ceremonia.


El prelados Valeriano Ordóñez de Villaquirán fue el que tomó la responsabilidad de aceptar el gran gasto que suponía la construcción de un retablo como el que se planeaba, donando para la ocasión trescientos ducados de oro de su peculio.


El propio prelados, quien radicaba en la urbe de Burgos y apenas pisó su sede ovetense, contrató en tal urbe el treinta de agosto de mil quinientos once, al escultor Giralte de Bruselas que había participado en la construcción de la sillería del coro de la catedral de Zamora, urbe natal del prelados. En tal contrato se establecía que debían aprovecharse del ciborio entonces existente tanto las figuras que se considerasen oportunas, como la madera del mismo. Las obras empezaron en el mes de julio de mil quinientos doce, instalando Giralte de Bruselas su taller en la presente calle de la Magdalena de Oviedo.


Giralte estaba considerado el «maestro del retablo», haciendo las labores de diseño del mismo, supervisión y organización del trabajo, y entallador, o sea, el responsable de la ejecución de las partes ornamentales: doseletes, cresterías, agujas y pináculos, además de la obra escultórica en sí.


En mil quinientos quince está documentada la presencia de otros 2 imagineros flamencos, Guillermo de Holanda y Esteban de Amberes a quienes se atribuye los apóstoles y profetas de las pulseras laterales y las columnas del segundo piso.


En mil quinientos dieciseis el prelados Diego de Muros contrató a Juan de Balmaseda para cooperar en la labor escultórica del retablo. Se le atribuye una buena parte del mismo pese a que estuvo parcialmente poco tiempo trabajando en él.


A finales de mil quinientos dieciseis, el cabildo catedralicio encargó la tasación de la obra a los entalladores León Bernardo de Ferreres y Juan Álvarez para valorarla, como era costumbre entonces, uno por cuenta del cabildo y otro por la del artista, si bien no fue hasta el ocho de mayo de mil quinientos diecisiete cuando el cabildo ordena el pago al artista.


El procedimiento de policromado era costoso y carísimo, habitualmente superior a la de la propia estatua, esencialmente debido al empleo de oro y otros materiales que por norma general se importaban del extranjero. Por esta razón, muchos retablos tardaron años en completarse tras la finalización de la talla e inclusive llegaron a quedarse «en blanco», sin policromar.


En el caso del retablo de la catedral de Oviedo transcurrieron 5 años tras la conclusión de la talla, hasta el momento en que el prelados Diego de Muros contrató con Alonso Berruguete el veintidos de julio de mil quinientos veintidos el policromado del retablo por una cantidad de dos doscientos ducados. Este dinero era 7 veces más que el salario total de todos y cada uno de los trabajadores empleados en la construcción de la catedral en mil quinientos veintiuno, lo que da idea de la falta de este trabajo. El artista se comprometía a empezar el trabajo poniendo ochocientos ducados de su bolsillo hasta comenzar a percibir los pagos por su trabajo y se fijaba el plazo de año y medio para su realización.


Sin embargo Alonso Berruguete no llegaría a efectuar el trabajo, tanto por la profunda crisis que pasaba la diócesis de Oviedo tras el incendio de la urbe en mil quinientos veintiuno como por las reiteradas ausencias del artista más interesado en lograr trabajo en la corte. El veinticinco de octubre de mil quinientos veintinueve se liquida la cuenta con Berruguete tras un largo pleito puesto que en el contrato se había fijado una indemnización de 1 cero ducados en el caso de incumplimiento por ciertas partes.


En marzo de ese año, el prelados Diego de Acuña, al poco de tomar posesión, contrató al artista francés León Picardo, el que venía antecedido de reconocida fama tras policromar el retablo de la Capilla del Condestable de la catedral de Burgos. En un caso así la obra se contrató por dos.500 ducados, cantidad que podía fluctuar en quinientos ducados arriba o bien abajo dependiendo de la tasación final que se hiciese del trabajo, y un plazo de un par de años.Las condiciones estipuladas en el contrato eran, habitualmente, drásticas con el objetivo de eludir los inconvenientes surgidos con Berruguete, llegando a lamentarse el artista de ciertas de ellas.


En junio de mil quinientos treinta y uno el policromado del retablo estaba prácticamente acabado y para garantizar tal circunstancia el cabildo llamó a los 2 tasadores habituados a fin de que valorasen la obra tanto por su lado como por la del artista. La tasación final fue de dos mil cuatrocientos setenta ducados. El veintiuno de agosto de mil quinientos treinta y uno se dio carta de pago a León Picardo, por este y otros trabajos siguientes, dando fin al policromado y por lo tanto al retablo.


Intervenciones posteriores


El estado actual del retablo se debe a la restauración llevada a cabo en el siglo XIX encargada por el prelados Benito Sanz y Forés y comenzada en el mes de abril de mil ochocientos setenta y ocho con tareas de retallado de cresterías y otros ornamentos y reparaciones en las estatuas efectuadas por tallistas ovetenses, al paso que el dorado y policromado corrió al cargo del taller del valenciano Antonio Gasch que empezó su labor el cuatro de julio de mil ochocientos setenta y ocho y la acabó el treinta de octubre de mil ochocientos setenta y nueve.


La restauración, siguiendo la mentalidad de la temporada, suprimió toda la policromía del siglo XVI repintando nuevamente todo el retablo, normalmente siguiendo los colores originales mas habitualmente se emplearon otros que parecieron más recomendables en ese instante. Las imágenes, que originalmente estaban encajadas sin más ni más en los encasamentos, se fijaron con cáncamos y cables de acero, lo que generó desperfectos en ciertas figuras.


Los mayores desperfectos sufridos por el retablo fueron a consecuencia de la Guerra Civil De España. Los bombardeos sufridos por la catedral supusieron la ruptura de las vidrieras de los ventanales que están sobre el retablo, creando goteras que en la polsera izquierda caían de manera directa sobre las imágenes borrando la policromía y con ella la identificación de 4 de los profetas allá instalados. Además de esto un sinnúmero de elementos ornamentales, doseletes, cresterías y pináculos, cayeron asimismo del retablo. En los años mil novecientos cincuenta se fueron reparando todos estos desperfectos.


Finalmente, en el año mil novecientos ochenta y nueve tuvo lugar la última y más completa restauración del retablo, que quedó listo para la visita del papa Juan Pablo II a la catedral de Oviedo en el mes de agosto de ese año.


Entorno, estructura y materiales


El retablo mide catorce metros de altura, mas al estar apoyado en un pedestal, le eleva sobre el nivel del presbiterio otros uno con ochenta y cinco metros más, siendo la altura total aparente del retablo de quince,85 metros. El pedestal fue construido en data siguiente a la finalización del retablo por el profesor de obras de la catedral Pedro de Tijera al nivelar el suelo del presbiterio encargado por el cabildo de la catedral.


Este pedestal está en nuestros días escondo por la sillería del coro construida en 1902 tras la resolución del prelados Ramón Martínez Vigil de eliminar el coro de la nave central y no poder reaprovechar la vieja sillería gótica por su excesiva altura que hubiera tapado la predela del retablo.


La anchura en alzado es de diez,35 metros, exactamente la misma que la de la capilla mayor. No obstante, el retablo se amolda a la planta poligonal del ábside, dando por lo tanto una anchura total desarrollada de dieciseis metros. Está anclado a las paredes de la capilla mayor salvando una distancia de entre 0,2 y 0,8 metros.


Asimismo, el retablo oculta los vitrales inferiores que estaban ubicados bajo el triforio de la capilla mayor y alineados con los superiores que en la actualidad prosiguen libres. Estos ventanales inferiores están asimismo ocultos por el exterior por la girola construida en siglo XVII, siendo imposible colegir su presencia salvo por la documentación existente sobre ellos. No obstante el retablo deja libre por su lado superior el triforio, si bien no está claro si fue intencionado o bien no.


Las maderas empleadas en su construcción son de 2 tipos en función de su empleo. Toda la talla escultórica está confeccionada con madera de nogal, de empleo muy habitual en España y también Italia, de la que se aprovecha esencialmente el duramen que es más estable y resistente que la albura, que no obstante asimismo se utilizó en elementos ornamentales. La estructura, viguería y encasamentos están hechos de madera de castaño, muy resistente, flexible y además de esto, debido al porte del árbol dejaba un eficaz empleo estructural.


Escenas y también iconografía

Esquema iconográfico del retablo mayor de la catedral de Oviedo.

La historia contada en el retablo se organiza en torno a 3 grandes ciclos en las que se representan las escenas más significativas de la vida Jesús. El primero es el Ciclo de la Niñez, que engloba las escenas 1 a siete, localizadas las 4 primeras de ellas en la predela. Las escenas son: La Anunciación (I), La Visitación (II), Nacimiento de Cristo (III), La Veneración de los Reyes (IV), La Presentación del Pequeño en el Templo (V), La Escapada a Egipto (VI) y Jesús frente a los doctores (VII)


El Ciclo de la Vida pública, el más breve, ocupa las escenas de la ocho a once. Estas son: El Bautismo de Cristo (VIII), Las Tentaciones de Cristo (IX), Las Bodas de Caná (X) y La Resurrección de Lázaro (XI).


Por último y más largo, en tanto que es el más esencial para la doctrina cristiana, es el Ciclo de la Pasión, Muerte y Resurrección, que engloba las escenas doce a veintitres incluyéndose en ellas los 3 encasamentos centrales. Son las siguientes: La Entrada en Jerusalén (XII), La Oración en el huerto (XIII), La Flagelación (XIV), La Coronación de Espinas (XV), Camino del Martirio (XVI), El Martirio. La Crucifixión (XVII), La Resurrección de Cristo (XVIII), La Duda de Santo Tomás (XIX), La Ascensión del Señor (XX), Pentecostés (XXI) y Cristo en Majestad (XXIII).


Mención aparte merece la escena de la Asunción de la Virgen (XXII), tema no propiamente evangélico, mas de gran devoción en la España de aquel tiempo, que ocupa el encasamento central del retablo. En este encasamento es donde el cabildo catedralicio ordenó poner la imagen del primordial promotor del retablo, el prelados Ordóñez de Villaquirán.


En cuanto a la predela, las escenas están enmarcadas por una serie de figuras de Santos que son los próximos, de izquierda a derecha: San Sebastián (A), San Ambrosio (B), San Gregorio Magno (C), San Pedro (D), San Pablo (Y también), San Jerónimo (F), San Agustín (G) y San Roque (H).


Aparte de las estatuas de la predela, hay otras ubicadas en las partes ornamentales del retablo. En las polseras se ubican figuras de personajes bíblicos. En la polsera izquierda, de las 6 que existen, solo se conoce la atribución de 2 de ellas, la inferior dedicada a Gedeón (a) y la segunda comenzando por el lado superior del retablo dedicada a Othoniel (y también). En la polsera derecha, de abajo arriba, están representados: Samuel (g), Jair (h), Aod (i), Sansón (j), Jud Tola (Toda) (k) y Jud Amgar (Samgar) (l).


En los intercolumnios y esquinas inferiores de los encasamentos del segundo piso se ubica un Apostolado que consta de las próximas imágenes, de izquierda a derecha: Mateo (I), Bartolomé (J), Santiago el Menor o bien el de Alfeo (K), Juan (L), Andrés (M), Pedro (N), Pablo (O bien), Santiago el Mayor (P), Felipe (Q), Matías (R), Tomas (S) y Simón (T).


En los intercolumnios del tercer piso, 3 por cada columna, se ubican figuras de Profetas, de izquierda a derecha: (O bien): Zacarías, Elías y Sofonías, (V): Naum, Jonás y Amós, (W): Ezequiel, Isaías y Oseas, (X): Joel, Jeremías y Daniel, (Y): Abdías, Miqueas y Eliseo, (Z): Habacuc, Ageo y Malaquías.


Finalmente, en el guardapolvo, se ubican figuras que representan a los Reyes de Judá, de izquierda a derecha, Josafat (1), Asa (dos), Amasías (tres), Salomón (cuatro), Jonatás (cinco), David (seis), Josías (siete), Ezequías (ocho), Joata (nueve) y Azarías (diez).


Las intensas relaciones comerciales de la Corona de Castilla con Flandes a lo largo del siglo XV, que se acentuaron a lo largo del reinado de los Reyes Católicos, hizo que multitud de artistas llegados del norte de Europa, flamencos sobre todo, trabajaran en muchas de las catedrales y también iglesias españolas de aquel tiempo. Tal fue la magnitud de ese trabajo que se prosiguieron edificando retablos y también imaginería religiosa de estilo gótico a lo largo de los siglos XV y XVI ya bien entrado el renacimiento en tanto que este se transformó en el estilo de preferencia de la Iglesia.


Sin embargo en frente de los retablos del norte de Europa donde se representan pocas escenas con una enorme multitud de imágenes, en España abundarán las escenas en huecos del retablo llamados encasamentos, ordenados geométrica y cronológicamente con profusión de figuras y ornamentos. Las figuras están dotadas además de una enorme expresividad y sentido trágico, más próximas al gusto flamenco que al italiano renacentista. El retablo se concibe como una enorme y minuciosa escritura con el objetivo de facilitar la compresión de los Evangelios y fomentar una piedad y una religiosidad exaltadas en el pueblo que lo contempla.


El cabildo catedralicio ovetense no se desmarcó de esa corriente estilística dominante en el siglo XVI al llamar a Giralte de Bruselas para efectuar el retablo mayor de la catedral. El de Oviedo se compone de veintitres escenas o bien encasamentos divididos en 5 calles y 4 pisos, más otras 4 escenas en la predela, siendo la calle central de mayor tamaño que las laterales conteniendo solamente 3 encasamentos, acomodándose todo el conjunto a la planta poligonal de la cabecera de la capilla mayor. Pese al goticismo evidente de la obra, hay elementos que responden a un criterio más renacentista que lo distinguen de otros retablos de la temporada. El remate del retablo es recto y los encasamentos están alineados geométricamente, en frente de lo común en otros retablos góticos como el de la catedral de Toledo preparados escalonadamente desde la calle central, más elevada, descendiendo progresivamente hasta la calle lateral más exterior, más baja.



  • Retablo mayor de la catedral de Oviedo. Remate superior horizontal de repercusión renacentista.
  • Retablo mayor de la catedral de Toledo. Remate escalonado frecuente en los retablos góticos.

Otro elemento de gusto renacentista es la lectura iconográfica del retablo que empieza en el extremo inferior izquierdo, leyendo de izquierda a derecha en sentido ascendiente, en frente de lo frecuente en los retablos góticos que se leen de izquierda a derecha comenzando por el encasamento superior izquierdo y en sentido descendente.


La prácticamente totalidad del retablo fue cincelada por 2 artistas, Giralte de Bruselas, profesor del retablo, y Juan de Balmaseda que se unió a los trabajos desde mil quinientos dieciseis.


El estilo de Giralte de Bruselas es formalista y sosegado, sin dejar traslucir grandes emociones. Los semblantes son ovalados de expresiones dulces y narices rectas, los personajes femeninos son redondeados al gusto renacentista, las bocas son talladas de igual modo en hombres y mujeres: cerradas con labios levemente entreabiertos sin esculpir apenas la comisura. Asimismo se distingue por el tratamiento de los pelos, largos, llanos y tenuemente ondulados por lo general, en ocasiones echados cara delante cubriendo el cráneo, o bien abombado, cubriendo las orejas, al revés que Juan de Balmaseda. Otra característica de Giralte es la preocupación por el enmarque ambiental, arquitectónico o bien paisajista, como se puede ver en el ciclo de la niñez de su autoría, al revés que Balmaseda que prescinde del enmarque ambiental a cambio de dotar a las figuras de mayor dramatismo.


De la mano de Giralte salieron las estatuas exentas de la predela, las escenas del Ciclo de la Infancia: Anunciación, Visitación, Nacimiento de Cristo salvo la imagen de San José, Veneración de los Reyes, Presentación del Pequeño en el Templo salvo las imágenes de San José y Simeón, la Escapada a Egipto, Jesús entre los doctores.Del mismo modo Las Bodas de Caná salvo las imágenes de Jesús y la Virgen, el ángel del Bautismo de Cristo y la Asunción de la Virgen incluyendo la imagen del prelados Villaquirán.


Juan de Balmaseda, por su lado, es leal a la tradición del arte sagrado en España de origen flamenco, más pendiente de los aspectos devocionales que de la precisión anatómica o bien histórica de las imágenes, abundando imágenes de gran patetismo y expresividad trágica e inclusive efectistas que calaron de forma profunda en el gusto popular español Sus tallas tienen los semblantes convulsos y bocas entreabiertas lo que acentúa la sensación trágica de exactamente los mismos. Los pelos se distribuyen en mechones independientes que caen sobre los hombros dejando habitualmente las orejas descubiertas.


Las escenas que semejan más meridianamente salidas del cincel de Balmaseda son La Duda de Santo Tomás, el Bautismo de Cristo, salvo el ángel, las imágenes de Jesús y la Virgen de Las Bodas de Caná, Las Tentaciones de Cristo, La Resurrección de Lázaro, La Coronación de Espinas, las imágenes de Cristo y Pilatos en La Flagelación, el Camino del Suplicio, La Crucifixión, La Resurrección de Cristo y el Cristo en Majestad. La Ascensión y el Pentecostés, asimismo indican una fuerte participación de su taller.


Ambos artistas coincidieron en la construcción del retablo desde mil quinientos dieciseis. Por la descripción de los estilos de los dos se puede estimar que cooperaron en múltiples de las escenas: Natividad, Presentación del Pequeño en el Templo, Bautismo de Jesús, Las Bodas de Caná, Las Tentaciones de Cristo, La Oración en el huerto y La Flagelación.


Como se ha comentado, el pacto entre el prelados Ordóñez de Villaquirán y Giralte de Bruselas incluía el aprovechamiento de madera y figuras del ciborio entonces existente. Estas figuras reaprovechadas son las de los Reyes de Judá ubicadas en el guardapolvo. Esta atribución se fundamenta en que los caracteres anatómicos de dichas figuras no se semejan a ninguna otra del retablo y sí a los de la sillería del coro, efectuada unos años ya antes. Las formas de la nariz, los pelos, las barbas, e inclusive las vestimentas de las dos obras las relacionan más de manera estrecha entre sí que con el resto del retablo. Además de esto, dichas figuras son de bulto redondo, que para unas figuras que están en lo más alto del retablo, y por lo tanto de más bastante difícil contemplación de detalles, semeja de un cuidado exagerado. Dichas figuras se sacaron del ciborio, se cortaron en diagonal, que es la situación que presentan en el guardapolvo, se les agregaron filacterias y en ellas León Picardo les pintó el nombre de su nueva atribución, puesto que es bastante difícil meditar que tuviesen exactamente la misma en el ciborio.


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